martes, 30 de septiembre de 2008

Kowai, sensei, kowai...

Otro día aburrido, lleno de lluvia por todas partes. Nada serio, sólo esa lluvia fina y cutre que te quita las ganas de ir a ninguna parte. Conclusión: no tengo gran cosa que contar, pero aún así han pasado cosas. En primer lugar, nos han comentado algunas cosas más sobre el maxi-examen del lunes, cosas que se quedaron en el tintero ayer. Para empezar, sólo los de las clases A1a (la mía) y tal vez de la A1b podrán pasar a la otra escuela de sacar buena nota en el examen. Pensaréis que mejor, porque hay menos competencia, ¿verdad? Pues la competencia es lo de menos: veo serias dificultades en que ninguno de nosotros saque buena nota en el examen, por una sencilla razón: el examen cubre las 6 primeras lecciones de gramática y las 10 primeras de kanji, y en nuestra clase (que es la más avanzada del grupo de principiantes) sólo hemos visto 3 lecciones de gramática y 5 de kanji. La mitad justa. Y encima, la mitad fácil. No os confundáis: sigo en mis trece de pasar a la otra escuela, pero si ayer creía que tendría que currármelo, hoy ya me he quedado sin palabras. Estamos hablando de 100 páginas de gramática y 50 de kanji, más lo que ya sabemos, para el lunes. Y eso no es todo: el examen escrito es sólo el principio, luego hay un examen oral de 10 minutos. Lo único bueno es que el examen oral no es cara-a-cara, sino en grupo, así que nos soltaremos un poco más, espero, pero aún así las vamos a pasar canutas los que queramos pasar a la otra escuela. Hay otra opción: es perfectamente factible hacer el examen de lo que llevamos visto y, si lo haces bien, te colocan en un grupo más avanzado que el tuyo, dentro de las clases de principiantes. Lo que pasa es que, en el mejor de los casos, eso significa seguir donde estamos, y algunos de nosotros (los que queremos hablar japonés, vamos) queremos más.

Después de nuestras dos horitas de clase hemos tenido una conferencia sobre Toyota llevada a cabo por un alto responsable de la compañía, la cual ha resultado interesante por dos razones: primero, porque al parecer soy de los pocos que no sabían todas las cosas chulas que ha hecho Toyota para mejorar sus sistemas de producción (lo llaman el Toyota Way); y segundo porque ha sido el primer conferenciante japonés que hemos tenido que no paraba cada tres palabras para pensarse la siguiente. Supongo que el hecho de que tuviera toda la conferencia escrita ha ayudado, pero aún así se ha hecho más llevadero que las anteriores. Además, en la conferencia hemos comprobado una vez más por qué no hay paro en Japón: todo el mundo tiene un trabajo, aunque sea absurdo. El conferenciante iba acompañado del típico subalterno cuya única misión era seguir la conferencia en una copia escrita mientras el otro iba hablando, y pulsar el botón de "siguiente diapositiva" en el momento oportuno. Ah, y reírle los chistes al jefe, claro. Porque ha soltado chistes. O eso creo, al menos el subalterno se ha reído como una hiena un par de veces. Es lo que pasa por llevar aquí tan poco tiempo: aún no entiendo el humor japonés.

En otro orden de cosas, y siguiendo con mi manía del reciclaje, esta noche he encontrado en el depósito de reciclaje de mi residencia un tomo nuevecito de la Shounen Jump (una revista tamaño guía telefónica con varios capítulos de distintos mangas), del cual me he apropiado convenientemente. Tiene furigana (ayudas a la lectura de los kanjis) por todos lados, así que me puede ser útil, o al menos tan útil como puede ser algo que soy incapaz de leer... de momento. Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. Ya os contaré mis avances, si los hay. Un abrazo.

Humor: Asustadito. Un libro: "Fundamental Japanese for Expressing Ideas", posiblemente el peor libro de gramática japonesa que existe.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Oshiete, kudasai

Un día normalito, del que sólo vale la pena reseñar un par de cosas. La primera, está haciendo a hacer frío. Mucho frío. Demasiado. Y da miedo, porque si estamos así ahora, no quiero ni imaginarme diciembre (fun, fun, fun). En fin, mi compañero koreano de la residencia (Ku, para los amigos) me ha dicho que hay por aquí cerca una tienda de ropa barata, llamada (no os riáis) Unikulo (vale, ya podéis reíros). Ya la visitaré un día de estos, porque me he traído camisetas de manga corta y camisas de manga larga, pero no tengo nada que pueda usar en plan informal ahora mismo. Y una gabardina, maldita sea.

Otra cosa: hoy nos han dicho que el lunes que viene vamos a hacer un mega-exámen de todo lo visto, el cual decidirá quién se va a la escuela avanzada y quién no. Hay 3 ó 4 puestos en la escuela avanzada y nos van a hacer el mismo examen a todas las clases, así que los que queden primeros se irán. Sinceramente, no tengo ni idea de si podré seguir el ritmo de la otra escuela, pero mi principal motivo cuando vine a Japón era aprender japonés, así que pienso currármelo. Si no lo consigo, bueno, qué se le va a hacer, pero si lo consigo, no sólo aprenderé (espero) más deprisa, sino que encima estaré casi media hora más cerca de casa, y además (modo friki on) a dos pasos de Akiba (modo friki off). Vamos, que puede estar muy bien, pero que me lo voy a tener que currar seriamente.

Una anécdota: hoy, por estar lloviendo, he vuelto temprano a casa, y se me ha ocurrido llamar a Ku para cenar. Cuando íbamos a bajar a ello, nos hemos cruzado con el único otro residente que habla inglés, un señor cuyo nombre no recuerdo pero que es supersimpático, que nos ha explicado que se ha pasado varios días de viaje, en Lisboa (toma ya casualidad), atendiendo conferencias y demás. En fin, por si no lo sabéis, entre los japoneses es costumbre traer recuerdos pequeños y baratos pero representativos de los viajes. Este caballero se ha traído tabletas de chocolate, y nos ha regalado un par a Ku y a mí. Como sigo sin internet decente no puedo mandaros foto, pero os puedo decir que la tableta pone "Chocolate para culinária". Sí, chocolate de cocina, o como lo conocemos nosotros, de cobertura. Sigue siendo chocolate, que, por ser quien soy, es algo que se aprecia enormemente. En fin, después de casi dos horas conversando con Ku acerca de mis (cuasi inexistentes) conocimientos de japonés y de lo que espero conseguir con ellos, nos hemos retirado para el asunto del descanso. Buenas noches, y buena suerte.

Humor: examenimorfo. Una bebida: el agua (de lluvia).

domingo, 28 de septiembre de 2008

Nonde, nonde kudasai

Otro día dedicado al estudio en dosis masivas. Como después de todo esto no logre entenderme en una tienda, me corto las venas. Además, una mala noticia: la red de mi vecino (el amable caballero que me deja conectarme a internet) se ha caído, así que estoy aislado. De hecho, ahora mismo estoy en la sala de lavadoras, que tiene un balcón en el que se coge otra red, pero comprenderéis que en esta situación no aguantaré mucho tiempo. Mi idea es esperar un par de días, y si el martes la cosa sigue igual me compraré el cacharrito ese del internet mobile, que aunque tenga que pagar 6000Y al mes es más fiable. En fin, al grano: como hoy no hay nada interesante, toca sesión de curiosidades.

Puede que ya sepáis (y si no, os lo digo yo) que Japón es el país con mayor cantidad de máquinas expendedoras del mundo. Están por todas partes, en cualquier calle de cualquier barrio puedes encontrar varias, ofreciendo casi siempre bebidas, ya sean refrescos, energéticas o alcohólicas, pero las hay más raras, como máquinas de comida o de (atención) paraguas. Yo no he visto, pero uno de mis compañeros se compró su paraguas en una máquina expendedora, y, francamente, no me cuesta mucho trabajo creérmelo.

¿Alguno ha visto "Lost in Translation"? Los que la hayáis visto y os haya gustado, como yo, recordaréis la mítica frase que Bill Murray repite una y otra vez en su anuncio, "un momento de relax es un momento Suntory", justo antes de pegarse un lingotazo de whisky. Yo pensaba que era algo inventado, como tantas otras cosas, pero desde que llegué a Japón he visto montones de máquinas expendedoras que venden refrescos de esta marca. Suntory no vende sólo whisky, sino agua, zumos, café... prácticamente cualquier bebida medio típica la puedes encontrar en versión Suntory... lo que ha provocado bastantes risas entre los que conocíamos la película, como os podéis imaginar.

Por cierto, hace tiempo visité un blog en el que se podían ver cosas realmente raras, como a Arnold Schwarzenegger (el Chuache, para entendernos) anunciando bebidas energéticas en japonés (buscad en Youtube si no me creéis). La bebida en cuestión se llama "Arinamin-V", y el anuncio tiene ya chorrocientos años. Pues aún existe. Y se vende. Y parece que cada cierto tiempo se traen a gente famosa para promocionarla. Si es que, lo que no se les ocurra a los japos... Cuando me quede sin tema para hablar de las cosas raras que tienen, hablaré de las cosas raras que hacen, que eso también dará para mucho. Hasta entonces, un abrazo.

Humor: necesito acción. Una fruta: la piña.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Segunda parte...

Bueno, tal y como os dije ayer, hoy me he pasado el día en casa, estudiando. Nada nuevo, así que seguiré donde lo dejé: en la maravillosa tierra de Akiba.

Lo cierto es que lo que os conté ayer no fueron más que anécdotas: lo que realmente estuve viendo en profundidad (y en lo que se nos fue a Emilio y a mí gran parte del día) fue en ver muñecos. Estoy hablando sobre todo de muñecos de series de anime, pero los había de todo tipo, incluso algunos de películas y cosas así. Os pondré un ejemplo: una de las tiendas que visitamos tenía 4 pisos, contando la planta baja. En ésta encontramos muñecos de robots (para los que sepáis del tema: Gundam). Subimos al segundo piso (acordaos de que aquí el primer piso es la misma planta baja) y encontramos muñecos de series de anime, pero sólo de unas cuantas: Saint Seiya (Caballeros del Zodíaco, en España), Soul Eater, Bola de Dragón, ese tipo de series. Subimos al cuarto y encontramos muñecos de otras series: Code Geass, Ultraman (hay cientos de cosas de Ultraman, pese a la enormidad de años que tiene) y otras cosas. Y en la cuarta planta hay muñecos extranjeros, como figuras de personajes de películas (Terminator, Darkman, Austin Powers) y lo que no son películas (luchadores de WWE y cosas así), así como secciones enteras dedicadas a Akira o Star Wars. En otra tienda diferente nos encontramos rodeados de figuras de Gundam por todas partes, y luego encontramos otra tienda que dedicaba la mitad de su espacio a figuras de Final Fantasy.


Cuando nos quedamos sin tiendas de muñecos por mirar (o eso creemos) nos metimos en un edificio de recreativas, para ver a qué juegan los japoneses. Sinceramente, no estaba preparado para lo que vi allí, pero refleja perfectamente el carácter japonés: siempre pasando de un extremo a otro. Me explico: ¿conocéis esas máquinas antiguas que consisten en una grúa con la que hay que coger cosas dentro de una urna? Bueno, pues ahora imaginaos un edificio de 6 plantas en las que las dos primeras están llenas de máquinas de ese tipo. Vamos, que da la impresión de vivir en los años 80. Luego subes un piso, y te encuentras con gente jugando a las máquinas recreativas de toda la vida: Street Fighter, Tekken, cosas así. Luego subes otro piso, y te encuentras con gente jugando... a las cartas.


Os explico cómo funciona esto: uno se compra paquetes de cartas, como si fueran de Magic, y cada carta es un personaje, o una unidad, o lo que sea. Luego pones esas cartas sobre la mesa, la mesa reconoce qué es cada carta, y saca a esos personajes dentro del juego. Pueden ser personajes de un juego de rol, o jugadores de un juego de fútbol, o unidades de un juego de estrategia militar. El jugador va moviendo las cartas sobre la mesa, orientándolas o situándolas en ciertos puntos de la mesa, y así se juega. Algunos llevan también una especie de joystick a la izquierda para mover a los personajes. ¿Os parece el futuro? Pues eso no es todo...


El último piso, una sala repleta de estas urnas blancas con gente dentro. Los habréis visto en España, como yo, pero al menos yo nunca había visto una sala llena de ellos. Y menos aún con los juegos que traen. No son de tiros, ni de pilotar naves: son FPS (para los no-iniciados: vista en primera persona del personaje) en los que manejas a un tipo (o a un robot, o a lo que sea) que va por ahí andando y saltando. Como diría alguien que yo me sé, "nos llevan siglos de ventaja".

Después de eso no hicimos gran cosa: nos fuimos a Shinjuku a ver más videojuegos, luego a Shibuya a esperar al resto para ir a cenar, y luego a Suehirocho para la cena propiamente dicha. Y he dicho estos nombres de memoria, lo que me asombra en gran medida, porque significa dos cosas: que empiezan a sonarme bien los palabros japoneses, y que por fin empiezo a conocer partes de la ciudad.

Humor: kanjiforme. Una forma: la estrella.

PS: Debería darme vergüenza, casi no os enseño mis compras de ayer. A los neófitos en el tema les parecerán un montón de muñequitos, pero a lo mejor esto lo lee alguno que sepa qué son los muñequitos, y se asombra ligeramente al saber que, entre todos, me han costado menos de 30e.

Por cierto, el gashopon del medio es Kaori, de Rurouni Kenshin, y la bolsa de la derecha es una colección completa de muñecos de Soul Eater, que no he abierto porque tampoco sabría dónde ponerlos. Igual cuando me mude...

Akibaaaaaa...

Hoy ha sido, sin duda, el día más friki desde que vine a Japón, y a la vez uno que estaba esperando desde hacía tiempo. Hoy me he pasado el día con Emilio en Akihabara, mirando y comprando muñecos. Sí, lo sé. Sea lo que sea lo que vayais a decir, ya me lo han dicho antes, y me da igual. Sé que es envidia.

Primero, algunas aclaraciones sobre Akihabara (en adelante y para siempre, Akiba). Si habéis oído hablar de ella, es más pequeña de lo que creéis, porque son sólo un par de calles no demasiado largas. Si creéis que es pequeña, os equivocáis, porque cada tienda tiene varios pisos llenos a rebosar de cosas. A Akiba se la conoce como la “Ciudad Eléctrica”, porque muchas de las tiendas son de electrónica, tanto de bajo nivel (transistores y microchips) como de alto (ordenadores y electrodomésticos), pero la parte que hoy me interesaba es la otra, la Akiba dedicada a la cultura otaku, que se subdivide en otras dos partes: consolas y juguetes. Las tiendas de consolas son... cómo decirlo... un viaje en el tiempo. Las hay de juegos de NDS y PS3, claro, pero lo que he visto hoy es... bueno, vedlo vosotros.


Son juegos de SNES. Y lo de arriba es el Mario Kart original. Y he visto cosas parecidas con GB y Famicom (la NES japonesa). Y los precios son de risa: ¿alguien quiere una SNES por 12 euros? ¿Y una GameCube por el mismo precio?

Luego está el Yodobashi Camera, una tienda del tamaño del Corte Inglés pero sólo de electrónica: móviles, videojuegos, electrodomésticos... y en el último piso juguetes, entre los cuales a Emilio le hizo especial ilusión uno en particular...


¿Sabéis lo que son los gashopones? Son unos muñequitos pequeños que salen en máquinas expendedoras, como un huevo Kinder pero pasando del chocolate. Bueno, digo pequeños pero los hay de varios tamaños, desde un par de cm, para colgar del móvil, hasta casi 10cm de alto. Bueno, pues ayer probé en una máquina de Lucky Star (una gozada de serie, recomendación de la casa) y me salió mi personaje favorito, así que hoy he decidido probar suerte tanto en máquinas de esa misma serie como de otras, con excelentes resultados. De hecho, creo que hoy he agotado toda la suerte que me quedaba hasta finales de año, por lo menos: de 5 que me he comprado, 2 me han salido ediciones especiales, y he encontrado una tercera edición especial en una tienda por 80Y más. Pero me estoy adelantando... El caso es que hay tiendas enteras de muñecos, de todos los tamaños, formas y épocas. Sí, épocas: me he encontrado hasta un Batman de la época de la serie de actores reales. Lo malo es que estaba justo enfrente del dependiente y en esas tiendas no se pueden hacer fotos, pero creedme: algunas cosas daban miedo.


El día de hoy da material para dos entradas, y como mañana no voy a hacer nada interesante, prefiero irme a dormir ya. No os perdáis la interesante conclusión de “Aventuras en Akiba”, a la misma hora, en el mismo canal.

Humor: “animado”. Una frase: “He visto cosas que vosotros no creeríais...”

jueves, 25 de septiembre de 2008

Denwa bango wa chigaimasu

El día ha empezado y terminado de forma curiosa. De hecho, estoy por saltarme lo de en medio, pero entonces no escribiría nada.

Nada más despertarme me ha llamado alguien al móvil. En japonés. Se habían equivocado, evidentemente, pero hasta que he logrado hacerle entender que no sólo se había equivocado sino que encima no hablaba su idioma, ha habido algunos momentos bastante embarazosos. Lo malo es que luego se me han ocurrido montones de maneras de decirle en japonés que se había equivocado, pero qué queréis: recién levantado y sin desayunar no carburo demasiado fino. Ya me cuesta lo mío en mis buenos momentos, así que imaginaos...

Antes de ir a clase he pasado por el ayuntamiento a recoger mi nuevo DNI: la tarjeta de residente extranjero o, como se conoce comúnmente, Gaijin Card. Tiene su gracia la cosa: vienen tanto mi dirección en España como la que tengo aquí; la japonesa viene entera escrita con un montón de kanjis, y en la española pone, literalmente, esto: “Carretera. Cartagena (Murcia)”. En España, vivo en la carretera. Estoy por no volver.


La clase, normal, pero se ha hecho cansada entre otras cosas porque esta semana nos han malacostumbrado mucho. En total, esta semana hemos tenido 9 horas de clase, de las cuales 5 han sido hoy. Y por si eso fuera poco, doblete de exámenes: kanji y gramática. Os aseguro que desde que iba a EGB no tenía que cuidar tanto mi letra: ya me han llamado la atención varias veces por lo mal que escribo. Y pensar en lo contento que me puse cuando entré en la universidad y me dije “Por fin se acabaron los exámenes de desarrollo”. Pues toma. Todas las semanas. Y en japonés.

Al final del día nos hemos dividido: unos se han ido a Shinjuku a ver libros y a cenar, otros nos hemos vuelto a casa. Me alegro de estar en el segundo grupo, porque la cena de hoy ha sido, con diferencia, lo mejor que he comido desde que llegué a Japón. Ojalá supiera preguntar qué rábanos era. Lo único que sé es que era tempura (pescado y verduras rebozadas) y que había que mojarlo en una salsa marrón que sólo sé que no era soja. Espero que me lo vuelvan a poner antes de que me vaya, y que para entonces sepa algo más de japonés: ahora mismo podría preguntar qué era sin problemas, pero a ver quién es el guapo que entiende la respuesta.

Humor: Cocinillas. Una canción: Motteke! Sailor Fuku, opening de Lucky Star.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Sumou wa sugoi, ne? Hai, hai...

Voy a saltarme las dos horas de clase que hemos tenido esta mañana y voy a ir directamente a lo interesante: el sumo. Venga, haced el chiste: “¿De naranja o de piña?” ¿Contentos? Bien. Ahora, pasemos al tema. Resulta que hoy, en plan cultural, íbamos a ver un torneo de sumo. Para ambientarnos bien en el tema, lo primero era, evidentemente, experimentar la comida de los luchadores de sumo. Para eso nos fuimos a un restaurante cercano al lugar del torneo, y nos pusieron delante esto:


¿Cómo se os queda el cuerpo? Bueno, os explico lo que había, que tiene miga. Primero, unos trozos de cerdo y patatas asadas. Mientras nos comíamos eso, se calentaba lo que había en la cazuela, que en este caso eran unas verduras, gelatina animal y trozos de carne de pollo con piel. Sí, comen eso. Luego, para terminar, se coge el caldo donde estaban los trozos de pollo y se echan dentro unos fideos gordísimos, se deja que se calienten y se comen también. Salimos a reventar, listos para la segunda parte de la experiencia.


El torneo. Antes de que os lo explique, imaginadlo. A ver si lo adivino: varios luchadores, peleando uno contra uno al mejor de tres o de cinco, y el que gana en cada ronda lucha en la siguiente. ¿Os habéis imaginado algo así? Pues no. Os cuento: los sumos van viajando de ciudad en ciudad, y en cada sitio se enfrentan uno contra uno según un listado, pero ninguno pelea dos veces. Simplemente, si ganan suben de categoría para el siguiente combate. Eso quiere decir que cuando uno va a ver un torneo de estos, no va a ver si gana uno en concreto, sino que vas a verlos a todos. Y luego está el tema del tiempo, claro.


Estuvimos allí desde las 3 hasta las 6 de la tarde. Se libraron 32 combates. Si quitamos un cuarto de hora en plan preliminares y presentaciones, tenemos unos buenos 5 minutos por combate. Ahora viene lo bueno: el combate más largo que vimos no llegaba al minuto y medio, y la mayoría (y con esto me refiero a cerca del 90%) se resolvían en menos de ¡10 segundos! El combate final, supuestamente entre los dos mejores luchadores del grupo, se decidió en 3 segundos. ¿Que en qué se va el resto del tiempo? En rituales. Cada vez que dos luchadores van a pelear, primero suben al ring, luego se saludan desde extremos opuestos del círculo, luego echan sal al suelo, se agachan uno frente a otro, vuelven a echar sal, vuelven a enfrentarse, se secan el sudor con una toalla y LUEGO se agachan para, por fin, luchar entre ellos. ¿Suena desesperante? Lo es. Mucho. Primero lucharon los malos, y era tremendamente aburrido. Luego empezaron a luchar los buenos, y la cosa se animó un poco, pero cuando has visto los saludos y la sal 30 veces, estás hasta las narices. Pero bueno, la verdad es que ha merecido la pena: es algo que hay que ver, y me ha gustado. Se ha hecho largo, pero me ha gustado. Eso sí, no esperéis volver a leer nada sobre el sumo en este blog, porque el que suscribe no piensa volver a ir a algo así.


Humor: empujador. Una frase: “Es casi tan divertido como ver el canal de 'Ver secarse la pintura'”.

martes, 23 de septiembre de 2008

Umi e ikuyo!

Tal y como dije ayer, hoy me he pasado el día en la playa. Alguno se ha preguntado que cómo es eso de que un día escribo que está diluviando, pero al siguiente me voy a la playa. Muy sencillo. Allí, en España, todos estáis acostumbrados a que el tiempo cambie despacito, o más bien a que no cambie en absoluto. Aquí, el tiempo cambia cada día, y a veces más de una vez al día. El tifón, por ejemplo, pasó de noche y desapercibido, la noche anterior diluviaba, al día siguiente un sol de justicia, y esa misma tarde nublado. Hoy, por ejemplo, ha amanecido nublado, se ha despejado a media mañana hasta las 3 de la tarde o así, y luego se ha nublado otra vez. Pero me estoy adelantando...

La playa a la que hemos ido está en Zushi, al sudoeste de Tokyo. Tiempo estimado de trayecto: una hora y media para llegar al Hachiko de Shibuya, media hora para que aparezca el resto de la gente, otra hora para llegar al sitio en cuestión. El nombre de la ciudad no es una broma ni una casualidad: como buena ciudad costera, para llegar a la playa tuvimos que atravesar una calle con tropecientos carteles de sushi. La playa, una gozada. Pero claro, yo estoy acostumbrado al Mar Menor: me pones delante la playa de Matasuegras del Fuencarral y te digo que parece la Costa Molona. No era muy grande, pero había poca gente si descontamos a los tropecientos windsurfistas que estaban ahí exhibiéndose (y nunca mejor dicho, porque no hacía nada de viento). Al principio estábamos los 5 ó 6 que habíamos llegado de Tokyo y un puñado de gente de la Keio (la universidad en la que están Luis y Marta, los de Kamakura). Luego fueron llegando más de los nuestros, y la cosa se animó bastante. ¿Cómo? Pues cómo va a ser: a base de fútbol, el deporte de los campeones. De los campeones, sí. Los que no somos campeones nos quedamos hablando ;)

Hay que reconocer que los de la Keio se lo montan la mar de bien: hay gente de sopotocientos países distintos, algunos que no tienen ni papa de japonés (como vuestro servidor) y otros que llevan aquí ya varios años y controlan lo que no está dicho. Particularmente me ha llamado la atención Ram (al que yo me empeñaba en llamar Sam), un chico indio que ha vivido en los EEUU toda su vida, que ha estudiado español durante 12 años, que ha vivido en Italia y que ahora lleva un año en Japón. El idioma que no conozca este tío no merece la pena aprenderlo. Nos hemos puesto en plan intercambio cultural: él practicando su español, que lo tiene (según él) bastante oxidado, y yo aprendiendo cositas en japonés. Espero que nos veamos más menudo.

Una vez más, como en todos estos casos, no me llevé la cámara. Gomen, gomen. Siento deciros que aún no me pasa eso que hacen algunos de llevar la cámara a todas partes para subir fotos a su blog. Llevo escribiendo esto menos de un mes, y francamente, tampoco estoy acostumbrado a fotografiar todo lo que me encuentro, así que sabréis disculparme, espero. Dadme tiempo para aprender el oficio ;)

Humor: arenoso y salado. Una canción: “I Love Rock & Roll”, de Joan Jett.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Con vaqueros y a lo loco

Otra vez lunes, otra vez clase... pero poco. Esta semana la tenemos bastante flojilla en cuestión de clases, pero no voy a ser yo quien se queje. Os cuento: hoy tenemos conferencia, lo que significa que sólo tenemos un par de horas de clase; mañana es el equinoccio de otoño, y como todo el mundo sabe en los equinoccios no se trabaja; el miércoles nos vamos a ver un combate de sumo, en plan “cultura”; el jueves es el único día normal de curso; y el viernes hay algunos que se tienen que ir a visitar a sus empresas, así que los que no nos toca tenemos fiesta, no vaya a ser que nos adelantemos mucho a los demás. Joder, ni que fuéramos españoles...

Lo único reseñable del día de hoy es que había que ir de traje, porque después de la conferencia íbamos a ir a visitar el centro de la UE para que nos siguieran hablando de su grandiosa labor. ¿Que por qué es esto reseñable? Pues porque, como no podía ser de otra manera, a mí se me olvidó que hoy tocaba traje, y me he ido a clase en vaqueros y, como hacía frío, camisa y jersey amarillo limón. Y menos mal que hacía frío y me he puesto la camisa, que si no voy en camiseta y ahí sí que no tengo arreglo. Un compañero me ha dejado una corbata extra que tenía, y así he ido al centro, con dos narices. Una vez más no tengo fotos del evento, pero nos hemos hecho un par bastante chulas, ya os las pondré.

He llegado a casa con el tiempo justo de cenar en la resi: hoy tocaba una especie de cosa marrón semilíquida que, al parecer, había que echar por encima del arroz y comérselo todo junto con cuchara. Por la pinta parecía curry, pero no sabía picante, así que a saber lo que sería. En fin, con hambre todo está bueno. Lo malo es que llevo ya sobrecarga de arroz en el cuerpo, así que mañana voy a ver si cambio la dieta. No me será difícil, porque el plan es irnos a la playa, si hace bueno. Ya os contaré qué tal. Mimitos y abrazos.

Humor: entusiasta. Una necesidad: azúcar, montañas de azúcar...

PS: Ha llegado a mis orejas que hay familiares de mis apañeros vulcanianos leyendo esto. Debería daros vergüenza, leyendo los diarios de otras personas...

Nah, es broma. De todas formas, esto empezó como una forma de que mis conocidos supieran de mis andanzas, así que si esto lo lee alguien que yo no conozca, le pido que deje algún comentario. No voy a callarme nada de lo que quiera decir, pero soy curioso por naturaleza, y me gusta saber qué clase de gente lee el rollo este. Si os apetece, claro ;)

domingo, 21 de septiembre de 2008

Curioseando...

Hoy no hay mucho que contar. Me he pasado el día estudiando, en parte porque no hay ganas de salir y en parte porque hoy está cayendo todo lo que no cayó ayer. Me he pasado el día estudiando japonés, que buena falta me hacía, y no tengo nada que contaros. ¿Sabéis lo que significa eso?

¡Exacto! ¡Es día de curiosidades!

Empezaremos por una chorradilla que aún no os he enseñado: el sitio donde vivo.

Aquí podéis ver el sitio por fuera. Cuando entras no hay llave, sino una cerradura electrónica con contraseña. Cuando la metes puedes entrar a un zapatero donde te cambias los zapatos de calle por unas zapatillas que me ha dejado el dueño del edificio.


Aquí podéis ver el salón (con tele, manga, libros y sofases) y la cocina donde, de vez en cuando, ceno. De desayunar, ni hablar.

Subiendo al segundo piso (lo que en España sería el primero, porque aquí el piso 1 es la planta baja) se llega a mi cuarto.

No es muy grande, pero para lo que lo uso (cuartel general para planes de conquista mundial y esas cosas) me vale. Ah, y aquí una vista de mi fabulosa antena de internet totalmente legal, convenientemente protegida contra las inclemencias del tiempo.


Otra cosa: Ya os he contado que aquí los animales e insectos campan a sus anchas, sin que nadie los moleste, ¿verdad? Os quedará claro cuando veáis esto:

Es un avispero, a 10 metros de la entrada de mi casa, frente a una manzana de casas, a la altura del brazo y a la vista. ¿Os imagináis cuánto duraría una cosa así en España? Yo os lo diré: un milipiedrosegundo, o sea, el tiempo mínimo necesario para lanzar una piedra. Relacionado con esto, el otro día estaba yendo a clase tan tranquilo, en el metro, leyendo los apuntes, cuando me veo algo raro en el pie. Miro y...

“¡Un bicho!”, diréis. Creo que es una chicharra, pero no me hagáis mucho caso. Bueno, pues se pasó pegada a mi pie todo el rato. Cuando llegué a mi estación, estuve andando como 5 minutos con el pobre animalito colgando, hasta que salí a la calle y lo dejé junto a un árbol. Lo dicho, que los animales de Japón son un reflejo de los japoneses: confiados hasta el final.

Para finalizar por hoy, una muestra de la moda japonesa. A este elemento lo cazamos en Kamakura, mientras descansábamos los pies tras la comida. No digo nada, que la foto lo dice todo. Nos vemos mañana.


Humor: Pues la mar de contento, para qué engañarnos. Una canción: el tema de “Saw”.