martes, 9 de diciembre de 2008

Shinken... darouka...

Bueno, pues ya está hecho. El examen, digo. Y no veáis lo relajado que se queda uno después de salir de la clase, con la expectativa de muchísimo tiempo libre... Nah, es mentira. Ya os contaré, pero, como era de esperar, los de la beca no nos van a dejar disfrutar después del examen. Antes al contrario: habrá que recuperar muchísimo tiempo "perdido". Estos japoneses son la pera. En fin...

Como veréis, hoy es martes. El examen fue el domingo por la mañana. ¿Que por qué no he escrito antes? Mi religión me prohíbe hacer nada que requiera el menor esfuerzo después de un examen tocho, al menos hasta recuperarme completamente. Es mi historia: que se la crea el que quiera. A partir de hoy iré explicando cosas que me han pasado en estas casi dos semanas que he estado sin escribir. No han sido muchas, pero merecen la pena. Por una vez, voy a saltarme a la torera el habitual orden cronológico y voy a empezar por el examen, que no sé si os interesará mucho, pero necesito hablar de él. Y para hacerlo más interesante, nada mejor que algunos cambios, y vamos con el primario que es un cambio de escenario. Éste fue mi domingo, versión "horario".

0700: Me despierto, desayuno, cojo algunos apuntes para repasar en el tren, me compro la comida para el mediodía de camino a la estación.

0800: Cojo el tren para una estación impronunciable, cerca de la cual está la universidad en la que se va a hacer el examen. En la media hora que tardo me repaso el keigo y un par de reglas de gramática chungas, y empiezo a mirarme palabras importantes para ver si se me queda alguna.

0840: Llego a la universidad de Dokkyo, me encamino a mi edificio en busca de mi clase, donde dejo mis cosas en un asiento etiquetado con mi número. Me encuentro con Hannes, el alemán, que como vive en Matalascabrillas del Duque, como yo, también le toca venir a esta universidad. Nos quedamos hablando de lo poco que hemos estudiado y recordándonos algunas palabras importantes.




0945: Empieza el examen. Hay 4 profesores vigilando, cada uno de ellos con tarjetas amarillas y rojas. Nos ponen una cinta de audio con las instrucciones del examen: está prohibido comer y beber, mirar al de al lado, hablar, mascar chicle, los móviles... Con cada instrucción, los profesores muestran una tarjeta, amarilla o roja, dependiendo de lo grave de la infracción: amarilla, aviso; roja o dos amarillas, expulsión. Tras un cuarto de hora de rollo y tras repartir cuadernillo de preguntas y hoja de respuestas, comienza la primera parte del examen propiamente dicho, que va de kanjis y vocabulario, y que durará hasta las 1035. Es tipo test, así que las respuestas se marcan en una hoja de esas con circulitos que hay que rellenar con lápiz. Cuatro opciones por pregunta y no descuentan por respuestas incorrectas. Primera regla: respóndelo todo. Aunque no lo sepas, tienes un 25% de probabilidades de acertar.

1010: Pausa para partirme de risa con una de las preguntas. Completa el siguiente texto: "Estoy resfriado, así que me duele..." a) la garganta. b) la voz. c) la barba. d) el pelo. Como dice Hannes, resulta gracioso si conoces las palabras, pero más de uno no se habrá reído mucho.

1035: Se acabó esta parte. 15 minutos para recoger las hojas de preguntas y respuestas, y como te pillen escribiendo después de que digan "se acabó el tiempo" te ponen en la calle. Tras 10 minutos para comentar la jugada, volvemos a clase, listos para enfrentarnos a la parte más temida del examen: el "listening".

1115: Nos vuelven a poner la cinta de las reglas del examen y a enseñarnos las tarjetitas, por si a alguien se le había olvidado que no se puede mascar chicle. Entramos en la única parte del examen en la que no hay prisa por responder, porque el examen dura lo que dura la cinta que va hablando. Esta parte se divide en dos: la primera tiene apoyo visual por el cuadernito, que tiene dibujos (4 por pregunta) y hay que elegir el correcto. Una vez más, el cachondeo que se respira en el ambiente crece considerablemente cuando llegamos a ciertas preguntas (un perro y un gato peleándose, en el que hay que escuchar para ver quién está mordiendo a quién, por ejemplo). Después de esa parte hay que hacer otra, más larga, sin dibujitos, en la que te dicen una pregunta, te sueltan un rollo, y luego te dan 4 respuestas. En esta parte tienes que marcar tanto la correcta como las 3 incorrectas, supongo que para evitar que algún vivo espere a que los demás pongan su respuesta y así saber cuál es la buena. Tras acabar, y tras otro cuarto de hora recogiendo papeles, salimos a comer.

1240: Hannes y yo nos hacemos amigos de una roca que está convenientemente al sol, sobre la que comemos. Creedme, el sol se echa mucho de menos en este país, y no sólo porque salga poco, sino porque aquí se toman lo de trabajar "de sol a sol" al pie de la letra. Aquí, lo normal es entrar a trabajar cuando está amaneciendo y salir del trabajo cuando ya ha anochecido (a las 1730 ya es de noche por estas fechas). Nos tronchamos de risa con algunas cosas del examen, pero enseguida nos cansamos y nos ponemos a hablar de juegos de la DS. Hay que ver, cuánta presión por el examen...

1310: Preparados para la tercera parte, gramática y comprensión, que dura y puntúa el doble que las otras dos. Los profesores nos sorprenden con una nueva explicación sobre las tarjetitas y el chicle. Creo que lo hacen para desconcertarnos porque nos dormimos durante el rollo y así no nos damos cuenta de cuándo hay que empezar el examen. Eso, o los japoneses piensan que los extranjeros son retrasados mentales. Me temo la respuesta... Me sorprendo ante algunas paradojas, como una pregunta de keigo en cuya respuesta no hay que usar keigo, o un texto que no hay que leer completamente para responder a las preguntas. En serio, nos lo han puesto fácil este año.

1435: Acabo el examen con tiempo de sobra para repasar algunas preguntas. Tras otro interminable rollo de recogida de papeles, nos dejan irnos a casa. Cuando estoy de camino llamo a un amigo para preguntarle qué tal le ha salido, y me dice que hay una quedada para ir a un karaoke en plan celebración. ¿Qué le vamos a hacer? Habrá que hacer un esfuerzo...

1710: Llego a nuestro amigo Hachiko, el perro de Shibuya, y nos vamos a un karaoke. Desde que descubrimos que antes de las 7 de la tarde están tirados de precio, mola mucho más. Nos tiramos allí una hora, y luego algunos nos vamos a hacer tiempo, primero a un UFO Catcher (los juegos esos de coger cosas con la grúa), luego a una librería, y luego a cenar. Sobre las 10 me vuelvo a casa, donde entre unas cosas y otras se me hacen la 2 de la mañana hablando con familia y amigos. "Y mañana es lunes", pienso. "Y qué más da", me respondo.

Humor del momento: Sorprendentemente satisfecho. Una melodía: la que te ponen en medio del "listening" para relajar los nervios, que parece un cruce entre un timbre de teléfono y un crío tocando su piano "casio".

martes, 2 de diciembre de 2008

Hola y hasta pronto

Bueno, como veis, no estoy actualizando para nada. Los que me conocéis ya sabéis que, ante un examen, tiendo a enclaustrarme y dedicarme únicamente al estudio. Parece ser que la versión vulcaniana de esto consiste en no actualizar el blog. Lo siento.

Lo bueno es que queda menos de una semana hasta el día J, y a partir de ese momento volveré a mi antiguo ser lleno de cosas interesantes y ridículas que contar cada día, o eso espero. De todas formas, os diré que no estamos haciendo nada que merezca la pena comentarse: desde el jueves pasado las clases han entrado en una rutina incluso mayor que la que teníamos antes. Ahora, de las 5 horas de clase, las dos primeras son un resumen frenético de la gramática que, en principio, nos ocuparía casi todo el día. Después de comer hacemos un JLPT de algún año anterior, y para finalizar vemos algún trozo de gramática avanzada. Empezamos con el keigo, pero cuando se nos acabó empezamos con pasivas, imperativos y cosas así. De todas formas, quiero comentar (o más bien, necesito comentar) que hasta ahora no he bajado de 54% en ninguna de los exámenes que he hecho. Guardaos los aplausos: se necesita un 60% para aprobar. De todas formas, la mayoría de mis fallos se deben a que no entiendo la preguntas, así que estoy dedicando mi tiempo por igual a hacer exámenes y a mejorar vocabulario, todo ello aderezado con ratos de escuchar japonés a velocidad nativa. Aprobar, no sé si aprobaré, pero aprender, estoy aprendiendo una barbaridad.

Humor: satisfecho. Un juego (para relajarme): Phoenix Wright.

PS: Ya sé que no viene a cuento, pero Héctor, uno de los dos del grupo que se presenta al nivel 2 (que es muchísimo más difícil que el 3), ha hecho hoy un examen de prueba de su nivel. Ha sacado mejor nota en su nivel 2 que yo en mi nivel 3. Necesitaba comentarlo, para que si alguno visita su blog no se olvide de darle ánimos y felicitaciones a partes iguales.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Escribiendo

Bueno, ayer tampoco había nada que escribir, ni ganas de escribirlo: mucho estudio, mucha conversación, mucho de todo. Y peor que se pondrá: ya hasta los profesores están concienciados del asunto del JLPT. Resulta que esas cosas que nos estaban enseñando en clase "fuera de programa", lo estaban haciendo porque entra en el JLPT. Vale, lo estamos viendo de pasada, pero hay que reconocer que entre eso y no verlo en absoluto, prefiero esto. Hoy hemos seguido con algo más de keigo, o más concretamente con el kenjougo, una especie de "gemelo" del keigo. Resulta que, mientras que el keigo se usa para enaltecer a la persona de la que se habla ("¿Qué desea el honorable señor para saciar su apetito?"), el kenjougo se usa para bajarse a uno mismo de nivel cuando se habla ("Esta despreciable rata de alcantarilla no merece tantas alabanzas, mi señor"). Lo malo es que es, desde mi punto de vista, mucho más complicado, por la misma razón que el katakana (las "mayúsculas" del japonés) es difícil: porque no se usa. Uno va a una tienda y le hablan en keigo, va a preguntar algo a una oficina y le hablan en keigo, va a la recepción de un hotel y ¡sí!, te hablan en keigo. Vamos, que para cuando te pones a estudiarlo, ya lo has oído por ahí varias veces. Pero nadie te habla en kenjougo, y nadie espera que les hables en kenjougo, así que, al menos en nuestro ámbito, apenas lo usamos. Bueno, aún tengo tiempo de aprenderme éso y más: ya caerá, ya...

Una nota a pie de página: ¿sabéis lo que es el shodou? Pues os lo explico: es la caligrafía japonesa. Seguro que alguna ves habréis visto a algún anciano japonés en la tele puesto de rodillas escribiendo caracteres gigantes con un pincel, ¿verdad? Bueno, pues hoy nos ha tocado a nosotros, aunque con mucha menos ceremonia: nos han llevado al comedor de la escuela, nos han dado papel y pinceles, y nos han dicho que escojamos un kanji y nos pongamos a escribirlo, hasta que nos salga bien. Con tinta de verdad y todo, no os creáis. Al principio pensaba es dibujar el antiguo kanji de "dragón", que me gusta mucho, pero luego, viendo que un kanji suelto quedaba soso, me decidí por algo que creo que mola mucho más.


Humor: escritor. Un arma: el bokken.

martes, 25 de noviembre de 2008

Fun, fun, fun...

Bueno, tal como dejé dicho, me he pasado el fin de semana estudiando. Ahora puedo decir que ha merecido la pena: en 3 días me he liquidado el libro de gramática (el bueno, el que me compré yo) y la mitad de la lista de vocabulario del nivel 3. Por no mencionar que necesitaba un descanso.

Esta semana las clases se están volviendo un poco locas. Estamos cambiando los planes de las clases cada dos por tres, ya casi no nos mandan deberes, sino que los hacemos en clase (quejarnos tanto parece que ha servido para algo), y algo inaudito: estamos viendo cosas del libro en desorden. Como lo oís, los europeos hemos roto Japón. En la clase de hoy nos hemos puesto a aprender dos cosas que no tocaban hasta dentro de eones: la causativa pasiva ("fui obligado por alguien a hacer algo") y el keigo, un tipo de lenguaje respetuoso que da más de un quebradero de cabeza a los novatos, porque es como te hablan los dependientes de las tiendas, y claro, no hay quien los entienda.

En otro orden de cosas: a dos semanas vista del examen, me he puesto como objetivo hacer varios exámenes de prueba, y hoy he hecho el primero. Para los que no lo sepan, os cuento que el examen tiene 3 partes, y que hay que aprobar cada una por separado y además sacar una media del 60% o más para aprobar el examen. Las tres partes son: 1, kanjis y gramática; 2, escucha; y 3, comprensión y vocabulario. Me siento orgulloso de decir que en la prueba de hoy he aprobado las 3 partes, la última por los pelos, pero aprobada al fin y al cabo. Igual al final sí que puedo aprobar y todo... En fin, esto no hace sino confirmar lo que ya sabía: necesito vocabulario. Mucho. Muchísimo. Mañana, a seguir con el tema.

Una nota, fuera de programa: por si hacía mucho que no lo decía, los japos están locos. Hace ya semanas (¡semanas!) que están preparando la navidad, poniendo luces por las calles y canciones navideñas en las tiendas. Y ni siquiera son mayoría católica: lo hacen simplemente por hacer bonito y por seguir la corriente. Nada, que están locos. Eso sí, son eficientes como pocos: ayer, aquí no había nada, y hoy, mirad.


Humor: animado. Una palabra: Narau.

domingo, 23 de noviembre de 2008

¡Ganbarou!

Ya habréis visto que últimamente actualizo menos, pero es que ya se va acercando el día N de "nouryoku shiken": el día 7 de diciembre me enfrentaré a un examen lleno de palabras raras, símbolos extraños, y frases que no entenderé. Como ejemplo, hoy me he puesto a leerme la lista de vocabulario del examen, y mas de la mitad de las palabras no las he oído en mi vida. Ante lo malo, dos cosas buenas: la primera es que me da igual aprobar o no, así que iré relajado. La segunda es que aún no pierdo la esperanza: me veo capaz de aprenderme gran parte de esas palabras de aquí al día 7, gracias a que los kanjis, al menos, ya me los sé. No podré agradecerle lo bastante a Carlos que me guiase en aquellos primeros pasos. En fin, si logro aprobar, prometo escribir qué cosas he ido haciendo y qué libros he seguido, por si a alguien le sirven de ayuda.

Como ya habréis adivinado, este fin de semana me lo voy a pasar estudiando, así que si no escribo nada, es porque no hay nada que escribir. Hasta pronto.

Humor: ¡Ouendaaaan! Una serie: Merlin, de la BBC.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Nissan

Ayer no escribí nada, pero tampoco pasó gran cosa: un día normal de estudio. Lo único reseñable es que he encontrado la manera de aprovechar para algo las clases de la profesora tonta: ya tengo el suficiente nivel de japonés como para poder atender en clase a la vez que estudio gramática de verdad en un libro de verdad. Y a pesar de todo, no tengo la menor oportunidad contra el examen. Qué le vamos a hacer. Por cierto, un detalle: me han mandado dos cartas del centro que hace los exámenes de japonés. La primera me decía que no me han cogido para el examen de prueba. Una pena, me hacía ilusión. La segunda me decía dónde tengo que hacer el examen de verdad (me pilla cerca de casa) y que mande una copia corregida del certificado en caso de que se hayan equivocado con mi nombre. Cosa que han hecho. En efecto, para ellos, me apellido "Gomee". En serio, no me cuesta imaginarme que se crean que el apellido "Gomee" existe de verdad, cosas más raras habrán visto. Lo que no entiendo es cómo han confundido una Z con una E, sobre todo porque están una al lado de la otra, lo que facilita ver que son letras diferentes. Vaya gente, en serio...

Hoy ha sido más interesante. No ha habido clase, nos hemos pasado el día en la fábrica de Nissan en Yokohama, la primera (creo) en construirse. Nos han enseñado el museo que tienen a la entrada, nos han cantado las excelencias de la empresa, y nos han enseñado la fábrica por dentro. No se podían hacer fotos, pero había muchas cadenas de montaje, muchos brazos robóticos muy chulos, e incluso robots de transporte que iban siguiendo unas líneas en el suelo mientras llevaban cosas de un lado a otro. Chulísimo, en serio. Sólo hay una cosa que no alcanzo a comprender: la música. Cuando un ordenador requiere que un humano le meta datos, empieza a sonar "Eensy Weensy Spider", una canción infantil inglesa. Cuando uno de esos robots de transporte va por ahí, hace sonar "Es un mundo pequeñín" para que la gente sepa que está ahí. En serio, la idea me parece buena, pero el tipo que eligió los temas tenía un problema serio.

En fin, ha sido muy interesante, en varios sentidos. Os dejo con una selección de fotos de los pocos sitios en los que se podían tomar. Disfrutadlas: no creo que volváis a verme en traje en mucho tiempo.




Humor: chafado, mañana volvemos a la realidad. Un hobby: los acertijos.

martes, 18 de noviembre de 2008

Índigo, que te quiero índigo

Hoy no ha sido mi día, desde luego. Primero, después de sonar el despertador, me he vuelto a quedar dormido, y como cuando me he despertado ya no tenía tiempo, he tenido que desayunar en la calle, de camino a la escuela. Luego nos han cortado las clases de la profesora chula a las dos horas, porque teníamos que ir a hacer culturilla. La culturilla de hoy trataba del "aizome", lo que básicamente quiere decir "teñir prendas de índigo usando las hojas fermentadas de una planta". Ha sido interesante, no os lo negaré, porque primero nos han explicado algunas cosas chulas sobre kimonos teñidos con esa técnica, como que los llevaban los más ricos de entre los ricos, nos han enseñado algunos de esos kimonos, y hasta nos los hemos probado. También nos han enseñado unas hojas agujereadas que se usaban para hacer los bordados de los kimonos. El hombre era la mar de simpático, y nos ha dicho que él tiene muchas, más de 20000, y que nos regalaba una, y nos la hemos jugado a "piedra, papel o tijera". Aquí tenéis fotos del premio, de la ronda final, y de las pintas que tenía el ganador.




Luego nos hemos puesto a hacer nuestras camisetas y pañuelos teñidos de índigo, y la verdad es que no me puedo quejar de los míos. No he podido hacer fotos, pero nuestra profe, que es muy maja, nos ha sacado un montón, mañana se las pediré.

Ah, y tras volver a casa he visto que esta noche daban de cenar rollos de col. Lo dicho, que hoy no es mi día.

Humor: contradictorio. Una palabra: Daiseikou.

PS: Y encima publico la misma entrada dos veces. Si es que, cuando las cosas se tuercen... (Gracias por el toque, Al)

lunes, 17 de noviembre de 2008

Utatta uta wo utau

Hoy hemos tenido el examen gordo de cada mes, o como lo llamamos aquí, el ookii tesuto. Teniendo en cuenta que entre pitos y flautas apenas he podido estudiar este fin de semana, me ha salido muy bien. Bueno, en realidad no es que no haya podido estudiar: es más bien que no he querido. La verdad es que cada día que paso aquí me gusta menos el método que siguen los japoneses para enseñar (y aprender) japonés, así que he optado por seguir mi propio método, con el que aprendo mucho más deprisa aquellas cosas que realmente uso. El inconveniente es que, por un lado, apenas me queda tiempo para hacer las montañas de deberes con las que nos bombardean (el método japonés se basa en repetir algo hasta la saciedad para que se te quede en la cabeza), y por otro, mi método para aprender kanjis choca directamente con el suyo. Su método consiste en aprenderte los kanjis uno por uno: dibujo, significado y lecturas. El mío, aprovechando que ya me sé el dibujo y el significado de todos los kanjis que estamos viendo, consiste en aprenderme palabras enteras, en lugar de lecturas sueltas de los kanjis, con lo que se me quedan mucho más fácilmente. El problema es que en el libro que seguimos aparecen algunos kanjis que apenas se usan, con lo que no me sé ninguna palabra que los use, lo cual es un problema. Bueno, lo importante es aprender.

Para celebrar que nos hemos quitado de encima el ookii tesuto de este mes, y que además ayer fue el cumpleaños de OTRO más de los nuestros, nos hemos ido a un karaoke después de clase, y nos hemos tirado dos horas dándole a la garganta. Sí, he acabado casi afónico, pero más feliz que un San Luis, porque he podido cantar algunos de mis clásicos: We are the world, Surfin' USA, Mamma Mia, y una que tenía ya muchas ganas de cantar en público, Maniac. Esta canción va por ella, y ella lo sabe.

Humor: Me he pasado todo el camino de vuelta a casa cantando. Una canción: "Lose Yourself", de Eminem.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Disuneiraando wa sugooooi...

Ayer fue el cumpleaños de Héctor, y como es un chaval la mar de majo, nos llevó a todos a pasar el día al Tokyo Disneyland. Como volví a las mil no tenía ganas de escribir nada, y como mañana tengo examen, hoy tampoco las tengo. Pero por suerte hay algo que sí tengo: tiempo para subir las fotos. No creo que haga falta más.











Humor: mi niño interior está muy feliz. Una canción: "Es un mundo pequeñín"

viernes, 14 de noviembre de 2008

Shimane (4ª parte)

Tras volver a casa, pasamos el resto de la noche conversando con nuestros anfitriones. Como nos quedábamos sin tema de conversación (resulta un poco difícil sacar nuevos temas cuando no sabes nada acerca de la otra persona y, encima, lo que sabes no tienes palabras para expresarlo) pusimos la tele y comentábamos las cosas que veíamos. En un cierto momento el marido mencionó el Go, y como no puedo resistirme, le invité a jugar una partida. Para los que no sepáis lo que es, el Go es un juego de tablero parecido al ajedrez, mucho más fácil de jugar, en el que hay que rodear territorio con piedras de tu color para ganar. Normalmente, cuando un jugador experimentado juega contra otro de nivel más bajo, le da dos o tres piedras de ventaja. A mí me dio cinco. Y me machacó. Sonora y dolorosamente. Eso sí, me encantó jugar contra él en un tablero de verdad y con piedras de verdad.



La noche la pasamos la mar de bien, en futones calentitos y blanditos, y a la mañana siguiente, y tras un desayuno europeo por el que nunca podré estarle lo bastante agradecido a la señora (ya me imaginaba el típico desayuno japonés con miso y rollitos de repollo) nos fuimos a visitar el castillo de Matsue. Estaba la parte de fuera, con sus jardines, y el edificio en sí, convertido en museo por dentro. Paso de hablar: vedlo vosotros.





Cuando acabamos ahí ya era hora de ir a la recepción de despedida, donde tuvimos comida europea y japonesa, mucho agasajo, y algo gracioso. Resulta que los japoneses, cuando se organiza una despedida de este tipo, tienen por costumbre ofrecer un pequeño espectáculo, y a nosotros nos pidieron que preparáramos algo. Formamos por nuestra cuenta tres grupos (españoles, italianos y polacos: el resto se metieron donde pudieron) y cada uno preparó algo. Primero entraron los polacos, cantando una canción popular "a capella" porque se olvidaron de llevarse la música. Muy chula. Luego entramos nosotros, portando una de las perlas más grandes (aunque no por ello más bonitas) que ha parido España: la Macarena. Sí, señores: nos pusimos a bailar la Macarena delante de más de 50 japoneses. Como el baile no requiere precisamente mucho ensayo, a nuestro grupo se sumaron franceses, alemán y húngara. Después subieron al estrado los italianos, que se pusieron a cantar el "Felicitá". Qué queréis, relajados como estábamos todos por haber hecho lo nuestro, al final nos subimos todos al escenario a cantarla con ellos. Claro, la letra no la sabíamos, pero se improvisa y queda hasta bien.

Después le tocó el turno a los japos, que nos pusieron delante una muestra de cultura milenaria: una pequeña obra de teatro en la que un guerrero salva a una chica de las garras de un dragón. Mejor me callo el resto.




Tras una sentida despedida nos fuimos al aeropuerto, descansamos durante el viaje de vuelta, y a la llegada, mientras algunos afortunados se iban a sus casas a ordenar ideas, los españoles nos fuimos a ver a Juanca y Sofi, que habían venido a vernos. La carrera que nos pegamos, con su trecho bajo la lluvia incluido, fue para el recuerdo, pero llegamos. Y mereció la pena, vaya que sí: jamón, tortilla de patatas, tomates, aceitunas, gazpacho, empanadillas, sobrasada, crema catalana, queso, y unos churros con chocolate que ni siquiera llegué a probar. Vale, también estuvo bien lo de ver a los Reyes, aunque eché de menos el "me llena de orgullo y satisfacción" porque no hubo ocasión para ello: el tema de la noche fueron los dos soldados españoles fallecidos en Afganistán.

Cuando los reyes bajaron del estrado, no pudimos menos que acercarnos a saludar: empujamos a Alberto, nuestro líder, hasta Juanca, nos presentamos y le dimos la mano. Como estaba demasiado ocupado no pudimos hablar, pero luego nos fuimos a ver a Sofi, y estuvimos un rato hablando con ella. Le contamos lo de nuestra beca, algún que otro chiste, lo normal. ¿Mi impresión? Juan Carlos está agotado, y no es para menos, pero Sofía está hecha una colegiala.




Bueno, hasta aquí el viaje a Shimane. Me ha llevado una semana poder contar lo que pasó esos dos días, pero realmente ha sido lo mejor que hemos hecho desde que llegamos a Japón. Sólo espero tener ocasión de repetir la experiencia en algún momento durante este año.

Humor del momento: pletórico. Una bebida: el granizado de frambuesas (¡Quiero otro!)