lunes, 3 de noviembre de 2008

Ashita wa atarashii hi da

Hoy me he pasado el día en Hakone, un pueblecito de la costa. Ha sido largo y cansado, y no tengo ganas de escribir hoy, aunque tengo mucho que contar, así que mañana, aprovechando que me pasaré el día en casa, os contaré la aventura. Nos vemos.

Humor: mañana. Un deseo: dormir.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Oshiete, Fuan-sensei, oshiete

Hoy me he pasado el día en casa, estudiando. Y durmiendo. Madre mía, cómo lo necesitaba. En fin, tras un día aburrido, nada mejor que una colección de curiosidades.

Hoy, y porque tras dos meses comiendo arroz ya tengo algo de morriña, vamos a dedicar el post a España. Puede que ya lo sepáis, pero para mí ha sido una sorpresa descubrir lo mucho que saben los japos de mi país. En serio, es algo parecido a lo que sabemos nosotros de Japón. Pregúntale a un español cualquiera sobre Japón, y te dirá cosas como arroz, té, sushi, templos, la torre de Tokyo, el tren bala, Akihito... Si le preguntas a un japonés sobre España, te dirá cosas como paella, sangría, sevillanas, Gaudí o Rafa Nadal, pero hay algo que siempre te dirán antes que todo eso: fútbol. En serio, para ellos, España es el país del fútbol. Nunca lo había visto así, supongo que porque es algo que yo veo todos los días y estoy acostumbrado, pero cualquier japonesito al que le interese España lo más mínimo se sabe el nombre y tres apellidos de toda la selección española.

El otro día, sin ir más lejos, me encontré con mi segundo borracho parlanchín. Por suerte esta vez tenía dos ventajas: ya sabía algo de japonés, y no estaba sólo. Entre Hannes y yo nos pusimos a hablar con él; no mucho, claro, porque entre el pedal que llevaba y que hablaba en japonés (lógicamente), pues como que no se le entendía mucho. Además, el hombre no dejaba de tocarnos la cara todo el rato, y apestaba tantísimo a alcohol que una de las veces tuve que echarle para atrás porque me estaban dando arcadas. Hannes, que por ser alemán controla un poco más que yo, me dijo que le olió tres clases diferentes de alcohol: sake, algo hecho con ciruelas, y otra cosa indeterminada. Del resto no sé nada, pero el olor a sake era tan fuerte que mareaba. En fin, a lo que iba: cocido como iba, repetía las preguntas una y otra vez, y llegó a preguntarme sobre Ramos (¿Sergio? ¿Juande? Cualquiera sabe) unas cuatro veces, hasta que por fin se bajó en su estación y le perdimos de vista.

Pero el fútbol no es lo único que conocen de nosotros. Desde que estoy en la escuela nueva, casi siempre vamos a comer a un restaurante de bentou, y el otro día le echamos un vistazo a los condimentos que tienen en la cocina. Nos quedamos un poco sorprendidos por ver esto, pero caramba, no es para tanto. Yo haría lo mismo.


Y quien habla de comida, tiene que hablar de los restaurantes, porque hay varios restaurantes españoles repartidos por Tokyo. De cuando en cuando nos encontramos algo como esto, en Kamakura, normal en sitios donde hay turistas.


Pero de vez en cuando, es inevitable encontrarse con perlas como ésta, en mitad de Tokyo. Cuando lo vimos nos pusimos a sacarle fotos todos, de ridículo que era, y de tanto flash, salió un tipo de dentro, que nos dijo que él mismo lo había hecho. Pues hijo, es para sentirte orgulloso...


Por hoy ya es bastante. Mañana me voy con unos amigos a Hakone, un pueblo al oeste de Tokyo que parece ser que tiene unas vistas preciosas. Volveré por la noche, así que ya os contaré.

Humor: ¿Por qué los viajes tienen que empezar por la mañana? ¡Yo quiero dormir! Un invento: el nesquik.

Onaka ga itai...

Hoy me he levantado a las seis de la mañana. Y encima, casi llego tarde, porque he tenido que cambiar de tren en Akiba y no encontraba la estación. ¿Que adónde tenía que ir? Pues a una ceremonia del té. Como lo oís: hoy nos hemos ido a beber té a la manera tradicional japonesa, lo que nos ha dejado con mucha tranquilidad en el cuerpo y un sabor horrible en la boca. Pero me estoy adelantando...

Como somos tropecientos, nos han dividido en grupos, que más o menos se correspondían con las clases. Mi grupo ha tenido el dudoso honor de ser el primero, por lo que nos hemos tenido que levantar poco después de acostarnos. En fin, desde cierta perspectiva, ha merecido la pena: el lugar era realmente precioso, y la experiencia ha sido muy interesante.



Primero nos hemos descalzado (como siempre) y nos hemos puesto unas zapatillas. Había que ir con calcetines blancos, así que me he comprado unos en el "todo a 100" de mi barrio antes de salir. Luego hemos pasado a un jardín enorme, con piedras grandes en el suelo que había que ir pisando hasta llegar a una caseta, donde nos hemos sentado. Luego, por turnos, nos hemos lavado las manos en una fuente, tras lo que nos hemos ido metiendo, uno por uno, dentro de la casa donde íbamos a hacer la ceremonia. Se entra por una puertecita por la que sólo se puede entrar de rodillas, pero vamos, ningún problema.



Tras eso nos han puesto a mirar una flor (creo que eran caquis) y una caligrafía (un círculo: más simple imposible). Luego nos hemos sentado en círculo, y nuestra "maestra del té" particular (que no era otra que nuestro contacto de la beca, Satou-san) nos ha hecho la ceremonia. Primero se sirven unos dulces, unas pastas muy muy dulces, para apagar el sabor amargo del té. Tantos años de adicción al azúcar deben haberme viciado, porque no me parecieron tan dulces. Luego el maestro del té prepara el té con agua caliente y polvos de té verde, lo pasa al primero, y éste lo recibe. Entonces empieza el rollo: primero saluda al siguiente de la fila, en plan "voy a beber, espero que no te importe"; luego saluda al maestro, en el mismo plan; luego coge el tazón, llo gira sobre la mano, y se bebe el té en tres sorbos exactamente, haciendo ruido de sorber al final del último. Luego limpia el borde con el dedo, vuelve a girarlo hasta su posición inicial, lo deja en el suelo, y (atención) se inclina a observarlo detenidamente, admirando todas y cada una de las facetas del tazón, como sus detalles y la firma del artesano. Sólo entonces el maestro del té lo rellena para que lo pueda pasar al siguiente.


Sí, es tan soporífero como suena. Y sí, el té está malísimo. Bueno, igual exagero: no es algo que me bebería por placer, pero tampoco es vomitivo. Para mí, claro: algunos del grupo, que ya lo habían probado antes, habrán buscado excusas para no ir o no beber. Y francamente, lo comprendo. En fin, después del tema, nos hemos dado una vuelta por el parque, luego a Akiba, y luego a clase, que teníamos exámen. Para variar.

Tras la clase, nos hemos vuelto a Akiba. Curioso: en un sólo día, he ido a Akiba 3 veces. Si es que me llama, no puedo evitarlo. En fin, que como la mayoría del grupo se ha ido a casa para descansar para celebrar el Halloween esta noche, unos amigos y yo nos hemos pateado Akiba por enésima vez, y por supuesto hemos encontrado cosas nuevas. Siempre las hay.

En fin, como a mí el Halloween no me va, más que nada por ser una fiesta americana, os deseo un feliz día de la calabaza. Un abrazo.

Humor: Cansado. Mucho. Es viernes, ya me entenderéis. Una canción: "Forever", de Savage Genius, opening de "Erementar Gerad".

jueves, 30 de octubre de 2008

Pues noh

Sí, lo sé, ayer tampoco escribí nada. Me dio un repente y me puse a hacer deberes a lo loco. Qué le vamos a hacer: me estoy entusiasmando con lo de estudiar japonés. Ya iba siendo hora, caray. De toda formas fue un día muy monótono: la profe aburrida, mucha práctica, mucho rollo. Lo único reseñable es que, a la salida, nos pusieron a los "transferidos" un examen de una de las lecciones que nos habíamos saltado, y cuando lo acabamos, por aquello de ahorrar tiempo, dijimos de hacer también el de la otra lección. Total, que hicimos tres exámenes el mismo día. Toma eso.

Hoy ha sido más interesante, tanto en la clase como después. En la clase nos han dado libros nuevos, porque ya hemos acabado con los que nos dieron al empezar.


Bien. Ahora, en lugar de dos libros inútiles, tenemos cuatro. Menos mal que el de vocabulario está medio bien, y que el que me compré el otro día (abajo, en rojo) es una joya, porque si no no sé qué sería de mi cuerpo serrano.

Pero lo realmente interesante ha sido después de clase. Había varios planes preparados desde hace algunos días, y yo me he ido al más japonés de todos, como corresponde: nos hemos ido a ver un espectáculo de Noh. No, no os estoy haciendo un desprecio: el teatro tradicional japonés se llama así. Dentro del sitio no se podían sacar fotos, así que las pocas que he sacado salen fatal, pero trataré de explicároslo con palabras.


Primero, un tipo sale, en plan telonero, a explicar de qué va la obra (u obras, hoy había dos cortitas), pero en plan "Club de la Comedia", como dice Rocío: se pone a soltar paridas para hacer reír a la gente, a imitar a los actores que van a salir después, y cosas así. Aún no entiendo el suuficiente japonés como para entender lo que decía (de hecho, me faltan años para entender la más mínima parte), pero me ha sorprendido una cosa: pasaba olímpicamente de las formas de cortesía normales. Pasaba del keigo (forma muy cortés) a la forma cortés normal (forma -masu) y a la forma coloquial en un tris. Eso debe ser parte del sentido del humor japonés, porque es algo que no he visto en ninguna parte.


Luego empezaba la obra. Los argumentos no tienen desperdicio: la primera trataba de un noble y su sirviente que llegan a un castillo buscando una mujer para el noble, y ven a una mujer (o fantasma, o algo así) que intenta hablarles. El noble no puede o no quiere hablarle, así que manda al sirviente. La mujer le suelta un poema con instrucciones para que su señor encuentre el verdadero amor, pero antes de que el criado pueda memorizarlo, se marcha. El criado se ha quedado con casi todo, menos con el nombre del sitio al que tienen que ir. Entonces, noble y criado se plantan en la calle, emboscan al primer tío que pasa, y le atosigan salvajemente con preguntas hasta que, por casualidad, suelta el nombre del país donde está la ciudad, pero no se acuerda del nombre de la ciudad.


La segunda trataba de un tío que lo ha perdido todo en el juego. Él y su amigo se van a un templo y tienen una idea: disfrazar al jugador como una estatua de Buda para que los feligreses le dejen cosas. Sorprendentemente, la cosa funciona, y el amigo se larga con todas las cosas que les han dejado. El jugador dice "vale, pues voy a volver a hacer lo mismo", pero en el siguiente grupo de feligreses al primero se le ocurre la feliz idea de frotar al "estatua" para que cumpla su deseo. Al tío le dan cosquillas y se mueve, con lo que el resto de los feligreses se lanza a sobarle también, le descubren y le persiguen.

Pero lo más curioso del tema éste no son los argumentos, sino los actores. Andan deslizando los pies, con pasitos cortos, y hablan... madre mía, cómo hablan. Parece que el mejor actor de Noh es aquel que es capaz de hablar con voz más grave, monótona y alta que nadie. En serio, varios de mis compañeros se han quedado fritos nada más empezar, y yo he tenido que morderme la lengua para no partirme de risa cuando han empezado a hablar así. Ha sido toda una experiencia, y, francamente, me gustaría volver a ver una sesión de Noh antes de volverme a España, cuando sepa algo más de japonés, a ver si lo disfruto más.

Humor: X-celente, que diría Forges. Una comida: Soba con tempura.

martes, 28 de octubre de 2008

Shiken wo shitakunai yo...

Examen de gramática, anuncio de DOS exámenes de gramática más (los de las lecciones que nos saltamos por cambiar de escuela) para mañana y pasado, mañana además tengo examen de kanjis... A este ritmo, la palabra "examen" va a perder su significado. Lo único reseñable es que me he pillado ese libro de gramática del que os hablé ayer: el Complete Master Series de nivel 3. Lo bueno: es barato (1200Y), pequeñito, conciso, lleno de ejemplos y ejercicios... Lo malo: no se me ocurre nada. Lo pésimo: no creo que pueda compaginar los estudios con la DS, así que tendré que esperar un poco más si no quiero abandonar mis estudios por completo.

El librito es realmente una maravilla: entre esto y la página de vocabulario con la que me puse ayer, ya tengo plan de estudios. Ojalá me lo hubiera comprado antes, porque el JLPT es dentro de un mes y poco. Bah, no hay problema: soy un genio, ya me las apañaré. De hecho, ahora mismo estoy haciendo los deberes mientras escucho un capítulo de anime de fondo, para "rodearme de japonés". No tengo ni idea de si funcionará, pero la verdad es que es muy divertido.

Humor: sorprendentemente estudioso. Una serie: Hikaru no go.

lunes, 27 de octubre de 2008

Kanji da!


Un día largo. Demasiado largo. No sólo ha sido lunes (malditos sean todos). No sólo hemos tenido a la profesora pesada y lenta. El ambiente en general era de cansancio, mirases adonde mirases: el que no se había pasado la noche en un hotel cápsula había estado enfermo, o no había dormido, o... En fin, que se nota que éste ha sido un fin de semana bien aprovechado. Algunos han estado en Hakone, otros en Nikko, otros en Osaka... caray, es que no paramos. Para colmo, esta tarde se ha puesto a llover y a granizar. Vale, sólo ha durado una media hora, pero no es fácil acostumbrarse a este tiempo. En fin, que los pocos que no estábamos cansados esta mañana hemos acabado derrengados, aunque sólo haya sido por contagio.

En otro orden de cosas, Héctor me ha recomendado algunos sistemas de aprendizaje de japonés, como escuchar japonés a todas horas (podcasts y demás) o un programa de vocabulario on-line muy chulo. Os seré sincero: al principio tenía mis dudas respecto a si había hecho bien o no en hartarme de aprender kanjis antes de venirme para acá, pero tengo que reconocer que me está sirviendo para aprender mucho más deprisa. Respecto a la gramática, le tengo echado el ojo a un libro muy chulo que me compraré en cuanto pueda. Y con mi punto débil, el vocabulario, creo que el programa que me ha recomendado Héctor va a suplir esa deficiencia muy pronto. Os mantendré informados.

Por cierto, como me he pasado la noche con el programita de marras, hoy casi no tengo tiempo de escribir (mañana tengo examen). Mañana más. Un abrazo.

Humor: kanjiador. Una canción: "Me muero por vivir en un piso de 30m", de Toni A. Martínez.

domingo, 26 de octubre de 2008

Osaka de mis amores...

Bueno, la reunión con los de la compañía era a las 2. Cuando acabé de desayunar eran las 7:30.Tengo casi 7 horas para hacer turismo: a aprovecharlas.




Lo primero que vi fue una gran cantidad de edificios enormes, lo que no tiene nada de sorprendente: estaba en la estación más céntrica de la ciudad. Como no quería ver sólo eso, escogí una dirección al azar y empecé a andar en línea recta, a ver lo que me encontraba.


Fijaos en esto: las dos fotos siguientes están tomadas desde la misma esquina, una hacia cada lado. ¿A que parecen dos ciudades diferentes?



Un poco más adelante me encontré un pequeño parque, donde pude descansar un poco.




Un detalle absurdo: ¿recordáis que alguna vez os he hablado sobre la cantidad de gente que hace trabajos inútiles? Pues éste se lleva la palma: este caballero esperaba en la acera a que el semáforo se pusiera rojo para los coches, se ponía junto al paso de cebra y se quedaba así. Cuando el semáforo cambiaba, se volvía a la acera. Y, por supuesto, en el paso de cebra del fondo se puede ver a otro haciendo lo mismo. Esto se llama "redundancia".


Al cabo de las horas mis pies ya no dan más de sí, así que me vuelvo a la estación y me meto en el tren que me llevará a mi empresa. No se tarda más de 15 minutos... bueno, yo tardé más, porque me equivoqué de tren y me pasé una hora yendo de un lado a otro, pero si no haces el indio se llega enseguida de la ciudad a la estación donde está Sanyo. Desde la estación hay unos 10 minutos andando, y aquí tenemos mi edificio.


Aún tenía tiempo, así que me fui a comer algo. Cuando me quedé sin excusas, me fui a la puerta principal, donde el guarda llamó a mi jefe. Salió a recibirme el jefe del departamento de al lado, porque es el que sabe hablar inglés. Cuando subimos a mi departamento, me recibieron (atentos) mi jefe, el jefe de mi jefe, y el jefe del jefe de mi jefe, que se nos unió después. Buf.

Primero me hablaron de lo que iba a hacer: me enseñaron el cacharro en el que iba a trabajar, lo que tendría que hacer, las herramientas que usaría... me gustó, porque básicamente se trata de programar en C bajo Linux, que es más o menos lo que estuve haciendo en mi proyecto de fin de carrera. Después del tour, me presentaron al otro becario que tienen allí: un canadiense bastante timidón que empezó a trabajar allí más o menos cuando yo llegué a Japón. No nos veremos demasiado, porque trabaja en otro departamento, pero me habló de cómo le trataba la empresa y de las condiciones en que estaba, y me quedé en plan "¿dónde firmo para que me den lo mismo que a ti?". Tiene apartamento propio, pequeñito, pero con cocina y sin compartir con nadie, a media hora a pie de la oficina. Los de la empresa aún no saben cuándo voy a empezar, ni dónde voy a vivir, pero si me dan algo parecido a lo de este chico, por mí encantado.

En fin, cuando terminé me fui a dar una vuelta por Osaka de noche... vale, lo reconozco: me metí en el Yodobashi Camera, pero es que estaba ahí, mirándome. Para cuando salí ya era de noche, andé un poco por ahí, cené y me fui al bus. Más gente que a la ida, pero todos los asientos estaban separados, así que no tuve ningún problema. Llegué a Tokyo a las 6:30, y a casa a las 8:30. Ducha, paso de desayuno, a la cama, y hasta la hora de comer que estuve ahí. El resto del fin de semana, lo habitual: descanso, estudio, internet, algunas compras... nada fuera de lo común. Mañana os cuento más cosas. Un abrazo.


Humor: descansado, después de la aventura. Una serie: Detective Conan.

sábado, 25 de octubre de 2008

Osaka, patria querida...

¡Bienvenido de vuelta! me digo a mí mismo. Vaya viaje, en serio. He acabado muerto, pero la mar de contento. Pero bueno, empiezo por el principio.

El jueves me lo pasé en clase de forma normal, siempre y cuando se considere normal llevar un traje en una bolsa a todas partes. La cuestión es que, como la clase acababa a las 7 y el bus salía a las 9, no me daba tiempo a volver a casa y llegar a la salida de autobuses tras las clases, así que me fui con el equipaje encima. Tras las clases me fui con unos amigos a Shibuya: ellos tenían que ir allí a sacarse los billetes de un viaje que estaban planeando, y yo porque el autobús salía de allí. No me importa confesarlo, estaba bastante nervioso. Escoged una razón: voy por mi cuenta y riesgo a otra ciudad, yo sólo, a ver a un puñado de gente que igual ni hablan inglés y que encima igual me odian nada más verme por ser extranjero, y que igual son un puñado de viejos que jamás han hablado con un europeo... En fin, prefiero no pensar en nada de eso, así que me meto en el bus (después de otra sesión de nervios, porque en la parada me dijeron "no, aquí no es, la parada que buscas está allí" señalando a un edificio a lo lejos), me siento, me pongo música, y a esperar.

La verdad es que no tuve ningún problema con el autobús: era cómodo, medianamente espacioso, silencioso... Todo muy bien... hasta que aparece el que nunca falta en estos viajes: el viajero gilipollas. ¿Sabéis cuando vais a un cine y siempre hay alguien haciendo el ganso justo detrás tuyo? Bueno, pues lo mismo, pero en versión viaje. Nada más llegar se sienta detrás mía, hace ruidos raros con la garganta, se sorbe los mocos cada dos por tres, se traga en dos segundos una lata de cocacola entera haciendo un ruido atroz, y se tira un peo. Buen comienzo. "Bueno, ya se dormirá", pienso. Craso error. No sólo no se duerme, sino que encima el muy (censurado) se pone a fumar. En medio de un autobús cerrado donde está prohibido. Lo que yo digo, que los japoneses de puertas para fuera maravillosos, pero para adentro... En cuanto lo miro lo apaga, pero más adelante en la noche vuelve a encender otro. Un poco harto, y aprovechando que hay sitio, me cambio de asiento, al mismo tiempo que vuelve a apagarlo pidiendo disculpas. Y luego, OTRA VEZ. Ya me levanto y le digo, muy educadamente, que se meta la cabeza bajo el sobaco y se asfixie, y ya no tuve más problemas con él. Eso sí, le cogí un asco tremendo.

Bueno, ya estamos en Osaka. Primera impresión: suciedad. Un compañero me dijo el otro día que Tokyo es una ciudad limpísima, pero que da impresión de sucia porque está vieja. Bueno, sobre Tokyo no voy a opinar, pero Osaka está sucia. Y vieja. Pero, a pesar de eso (o quizás gracias a eso) me gusta más que Tokyo. Es... cómo decirlo... más auténtica. Da la impresión de que lo que vive allí son personas de verdad, y no borregos, como en Tokyo. Vamos, que son gente que conoce las normas pero se las salta cuando les conviene. Sólo por eso, ya me caen mejor. Y aunque las asiáticas siguen sin ser lo mío, reconozco que las chicas de Osaka son mucho más guapas que las de Tokyo. Filippo ya me estuvo comentando ésto (él vino a Osaka el mes pasado), pero no esperaba que hubiera tanta diferencia. Me explico: metéos en una estación de metro cualquiera en Tokyo, y ponéos a ver pasar gente. Contad cuántos tienen algún defecto físico gordo a simple vista, en plan verruga enorme, lunar gigante, dermatitis galopante, cojera... os quedaréis sin dedos en 30 segundos. En Osaka también pasa, pero puedes tardar cerca de una hora en quedarte sin dedos, y no sólo porque las estaciones estén menos llenas de gente que en Tokyo (lo que también se agradece).

En fin, eran las 6:30 de la mañana cuando bajé del bus, y la reunión era a las 2 de la tarde. Tengo algo de tiempo para hacer turismo, pero como no quiero más sorpresas, mi prioridad es localizar el sitio del que sale el bus de vuelta. Una vez cumplida la misión, toca encontrar algo que desayunar, y ya con viandas en el estómago, ponerme a explorar la ciudad en la que pasaré 8 meses a partir de enero.

Las fotos de Osaka, en el siguiente capítulo.

Humor del momento: Sorprendentemente bueno. Una serie: Azumanga Daioh.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Pues hoy... me han pasao cosas...

Un día lleno de sorpresas. Para empezar, hoy era el primer día de las dos semanas que la gente del Centro se va a venir a la escuela intercultural para estudiar con nosotros. Por fin podemos volver a ver a nuestra gente en horario de comidas: la verdad es que se les echaba de menos.

Luego, como durante las consabidas clases de japonés aburridas y pesadas nos hemos quejado de su aburridez y pesadez, la profe se ha currado algo para sacarnos de nuestra rutina. Lo malo es que, en nuestro nivel, se trata de algo realmente kowai (o sea, que da miedito). Os cuento: nos han llevado a todos al comedor, y nos han sentado por parejas frente a estudiantes koreanos, chinos y tailandeses, cuyo nivel, por supuesto, supera salvajemente al nuestro. Cada 5 minutos o así, sonaba el reloj y nos teníamos que mover a la mesa de al lado. El tema de conversación iba a ser "nuestro lugar favorito", pero como os podéis imaginar, hemos hablado de todo menos de eso: en cuanto mi compañero decía que era francés, o yo decía que era español, el tema ya estaba sacado. "Pues yo aprendí un poco de español, sé decir 'hola'", "pues yo estuve una vez en Francia, qué bonito era eso"... os hacéis una idea. Lo bueno es que por fin nos hemos integrado un poco entre la gente que había por allí. El objetivo no era ese, por supuesto, pero ha funcionado muy bien.

En un momento dado, me he tenido que ir al Centro a recoger mis meishi (tarjetas de visita). La verdad, está muy bien tener algo así, pero me fastidia que en su momento yo puse que mi nombre en japonés era "fuan" (porque parecía lo más parecido a "Juan"), y hace unos pocos días resulta que los japoneses entienden mejor mi nombre si les digo que me llamo "hoan". Os parecerá una chorrada, ¿verdad? Pues no lo es tanto si sabéis que tanto "fuan" como "hoan" tienen significados en japonés. El primero significa "inseguro", el segundo significa "protector de la seguridad". ¿Entendéis ahora por qué prefiero el otro? En fin, estoy pensando en hacerme nuevas tarjetas de visita, ya veremos.

Y, para terminar, una noticia española: el día 9 de Noviembre, los Reyes de España se van a dar un paseo por Japón, y nos han invitado a ir a verlos. Será la segunda vez en mi vida que vea a Juanca, pero no deja de ser interesante.

Humor: parlanchín. Una (mala) palabra: hataraku.

PS: Evidentemente, mañana y pasado no escribiré nada, porque me voy a Osaka. Nos vemos el sábado.

martes, 21 de octubre de 2008

Shinkokyuu shite

A ver, ¿alguno de vosotros ha hecho meditación zen alguna vez? Vale, los que no han levantado la mano, ¿alguno sabe lo que es?

Os cuento: en Japón hay dos religiones mayoritarias, que son el budismo y el shintoísmo. Del shintoísmo sé poco, y lo que sé prefiero no decirlo por si me equivoco, pero el budismo es más conocido. La idea, al menos por lo poco que sé, es que el motivo del sufrimiento de cualquier ser humano dado radica en sus deseos. Por lo tanto, liberado de los deseos, liberado del sufrimiento. Si alguien que lea esto sabe más del tema, o si lo que acabo de decir es ridículamente incorrecto, que complete o me corrija. En fin, la cosa es que una de las formas que tiene el budismo zen de librarse de estos deseos consiste en meditar, lo que equivale a decir "sentarse con las piernas en una cierta postura, con las manos en una cierta postura, relajar todos los músculos y concentrarte en la respiración".

¿Que a qué viene todo esto? Pues a que esta tarde, como parte del programa "culturilla japo for you", nos hemos ido a un templo en medio de Yokohama (en el extremo sudoeste de Tokyo, justo al otro lado de donde vivo yo), donde un monje nos ha explicado cómo se debe hacer la ceremonia, nos ha llevado a meditar durante una media hora o así, y luego se ha sentado con nosotros a responder preguntas sobre el budismo.


El ritual ha estado muy curioso, más que nada porque, creo, hemos hecho lo mismo que hacen los monjes de verdad: nos hemos puesto en dos filas, con las manos entrecruzadas a la altura del estómago, hemos andado en silencio siguiendo a un monje tocando una campanilla, nos hemos purificado con incienso, hemos hecho una serie de reverencias y nos hemos sentado sobre un cojín, con las piernas cruzadas en la posición del loto (o medio loto, si no puedes con el loto normal), manos a la altura del hara (lo que viene a ser el bajo vientre) con mano izquierda sobre la derecha, dedos juntos y pulgares tocándose en la punta. Los que hagan aikido conmigo sabrán muuuy bien de qué estoy hablando.

Lo bueno es lo siguiente: durante todo el tiempo de la meditación, hay un monje con una madera plana paseando por entre las filas de alumnos. Si alguno de ellos pierde la concentración, el monje le dice que se incline y le da tres palmetazos con la madera en la espalda. Lo curioso es que, si tú crees que estás perdiendo la concentración, puedes pedirle que te lo haga, aunque él no fuera a hacerlo. Francamente, no entiendo cómo unos palmetazos en la espalda pueden ayudarte a recuperar la concentración. En todo caso, se la quitarán a los demás, en parte porque los palmetazos resuenan muchísimo, y en parte porque te partes de risa cuando se lo hacen al de al lado. En el rato que hemos estado ha habido tres palmetazos: el primero porque uno no paraba de moverse, el segundo y el tercero por petición expresa. De los dos primeros no sé mucho, pero el tercero ha pasado casi enfrente de mí, y el rumorcillo de risas posterior ha durado como un par de minutos.


Humor: Muuuuy relajado... Un dulce: el anko.

Actualización: Me he encontrado con mi primer ataque de spam en el blog, así que, sintiéndolo mucho, a partir de ahora sólo podrán comentar los que estén registrados.