martes, 14 de abril de 2009

Ame no shita ni utatteru

Bueno, hace ya más de una semana que no escribo. Como siempre, hay una buena razón para ello. Y, también como siempre, os la voy a explicar. Hay que ver, paso más tiempo justificándome que hablando sobre Japón, ¿verdad? Bueno, esta vez no hablo de Japón porque, básicamente, no he estado en Japón: me he pasado una semanita en mi España, a la que a base de añoranza estoy cogiendo hasta cariño, disfrutando de la Semana Santa con mi familia y mis amigos. Y con pan, jamón y queso, que también son buenas compañías.

Por lo que respecta a los viajes, el de ida y el de vuelta, bueno... en el de ida (a España, se entiende) hice escala en Amsterdam y Madrid antes de llegar a Alicante, donde cogí un taxi hasta Cartagena. Me pasé cerca de 26 horas sin dormir, porque siempre era de día, así que cuando llegué a mi cama me quedé frito al instante. El hecho de que mi cama sea la más cómoda del mundo (para mí) también tiene algo que ver, para qué engañarnos.

Durante la semana, buena comida, buenos amigos, no demasiado tiempo, por lo que a algunos no los pude ver (saludos a Patricio, que seguro que se está acordando de mí ahora mismo, y no con buenas palabras), y un trono precioso debajo del cual me situé, con jet lag y todo (vale, ya se me había pasado, pero un poco de teatro nunca viene mal) para hacer el Encuentro.



A la vuelta, siguiendo el mismo camino pero al revés, hubo algunas diferencias. La primera, que me encontré con una pareja de recién casados que iban a pasar la luna de miel en Japón. Los perdí de vista en Amsterdam, porque al parecer iban en otro vuelo, así que, Richard-san y Eva-san, si leéis esto, un saludo. La segunda es que en el viaje de vuelta sí se hace de noche, así que dormí un poco, pero así y todo aún me dura el horario de España. Como dice quien yo me sé, "a lo bueno se acostumbra uno muy rápido".

La última diferencia requiere un poco de explicación. Cuando me fui a España, me fui con 20kg de libros y nada de ropa, como es lógico. A la vuelta pensaba volver con la maleta vacía, pero me volví con 20kg de comida y nada de ropa, lo cual es mucho más lógico. Preocupado como iba por llevar todo ese material en la maleta, no me imaginaba que en la aduana iba a haber aventura, pero por razones muy diferentes: uno de los perros buscadroga me cogió cariño, y se puso a olisquearme la pernera. La razón, supongo, es que yo también tengo perro, y uno muy cariñoso, pero el caso es que me hicieron abrir la maleta, vaciarme los bolsillos y quitarme los zapatos. Hasta me enseñaron fotos de montones de drogas diferentes, a ver si reconocía alguna. ¿El resultado? Los japoneses se quedaron flipando cuando les dije lo que valía en España lo que me había traído (muchísimo menos que aquí), pero nada más. Lo dicho, una aventurilla más.

Humor: delicioso. Una película: El pelotón chiflado.

martes, 31 de marzo de 2009

Tori wo mite!

Vale, cada vez que descubro un nuevo aspecto de la cultura japonesa, me quedo más a cuadros que antes. Me explico: hace unos días que estoy empezando a leer japonés. Sí, lo sé, ya iba siendo hora. El caso es que, tras acabar con unos comics en japonés que me traje de España, me he puesto a leer unas historias que me compré en Tokyo cuando estaba empezando a aprender japonés. La primera impresión ha sido estupenda, más que nada porque (oh, maravilla) entiendo los textos. Vale, son de un nivel muy básico, pero los entiendo, y eso me encanta. ¿A qué viene todo esto? Pues viene, ni más ni menos, a que los japoneses están fatal de la cabeza. Esto no es nuevo, lo he dicho muchas veces, y alguna vez he comentado que se convierten en "japoneses" cuando empiezan a trabajar, pero que los niños son normales. Pero es que, a base de leer historias para niños japoneses, me doy cuenta de que ya desde pequeños les intentan deprimir. Hasta ahora me he leído dos historias y el argumento de una tercera, y os las voy a resumir para que veais a qué me refiero.

En "Houi y Chan'a" (vale, ésta es China, pero también cuenta) un dios llamado Houi mata a flechazos a 9 de los 10 hijos del rey de los dioses, por lo cual éste lo expulsa al mundo de los hombres, donde envejecerá y morirá con su esposa, Chan'a. Como esa perspectiva no le gusta, se va a ver a una anciana que le regala un melocotón mágico: quien se come la mitad nunca muere, quien se lo come entero puede volar al reino de los dioses. Se vuelve a casa con el melocotón, pero su esposa dice que los vestidos y la comida del mundo de los hombres no le gustan, así que coge el melocotón y se lo come entero. Y sólo tras echarse a volar, cae en la cuenta de que el rey de los dioses no la va a dejar volver, así que se va a vivir a la Luna, dejando a Houi solito en la Tierra, DONDE MORIRÁ SOLO.

En "Gon, el zorro", un zorro muy travieso se encuentra a un hombre pescando y le echa toda la pesca al río. Mientras el hombre le grita, Gon se vuelve a su casa, riéndose. Al cabo de unos días baja al pueblo y ve que están celebrando un funeral, el de la madre del pescador, que murió con el deseo insatisfecho de comer anguilas. Gon se siente muy mal, así que decide llevarle pescado al hombre, pero como no sabe pescar, lo roba de un vendedor ambulante, y le deja el pescado en su casa. Al día siguiente le lleva castañas y champiñones de la montaña, pero se encuentra con que el hombre tiene un ojo morado, regalo del vendedor de pescado, que le creyó un ladrón. Sintiéndose aún más culpable, Gon le lleva castañas y champiñones todos los días, hasta que el hombre cree que un dios le está compensando por la pérdida de su madre. Pero un día, el hombre ve al zorro entrar en su casa y le pega un tiro, y sólo cuando lo tiene muerto a sus pies se da cuenta de que era él el que le llevaba castañas y champiñones. Y, para rematarlo, LA ESCENA DEL ZORRO AGONIZANTE QUE ENTREABRE LOS OJOS CON LÁSTIMA.

Y luego tenemos "la leyenda de Urashima Tarou", cuento muy famoso sobre un hombre que salva a una tortuga que resulta ser la princesa de un reino submarino. El rey invita a Urashima a su reino, y al cabo de unos días allí empieza a echar de menos su casa, por lo que pide volver. Antes de irse, la princesa le da una caja, diciéndole que no se le ocurra abrirla (¿y entonces para qué diantres se la das, tonta?), y Urashima vuelve a casa para ver que ya no hay nada, ni su familia, ni sus amigos, ni nadie que le conozca. Resulta que han pasado 300 años. Lógicamente, en estado de shock como está, abre la caja, momento en el cual envejece una barbaridad, y llega a morir, mientras oye la voz de la princesa decirle "¿No te dije que no abrieras la caja? En ella estaba guardada tu edad..." O sea, que no sólo sabes que han pasado 300 años y no le dices nada al chaval que te salvó la vida, sino que ENCIMA LE DAS UNA CAJA QUE LE MATA SI LA ABRE. Bien por tí, princesita.

Ahora en serio, ¿qué le pasa a esta gente? ¿Han oído alguna vez hablar de algo llamado "final feliz"? Los japoneses tienen que ser la gente más deprimida y deprimiente del universo. Y no sólo los adultos son los que piensan de esta forma tan macabra: la historia del zorro la escribió un chaval a sus 18 años. Vale que tenía una enfermedad terminal y murió 11 años después, pero eso no viene al caso: el hecho es que esta historia se volvió famosa, y toda la gente de mi trabajo la han oído de niños. Es como si en España todos los niños hicieran un maratón de "Fievel", "Bambi" y "Fiel Amigo" por recomendación expresa de sus padres. Nada, que no tienen remedio.

Humor: cabreado. Una película: "En busca del valle encantado", para completar la alegría.

jueves, 26 de marzo de 2009

Tengoku no hashi

Bueno, este fin de semana han pasado muchas cosas. Vale, exagero, solo ha pasado una: me he ido de viaje con unos amigos por esos pagos de Japón. El plan era que unos compañeros y yo íbamos a aprovechar unos billetes especiales que tienen aquí en Japón, que sólo salen a la venta tres veces al año, para pagarnos unos viajes en plan turista a un pueblecito llamado Amanohashidate, que tiene unas vistas preciosas. ¿El resultado? En relación a Amanohashidate, un éxito total, pero luego la idea era que les iba a enseñar cosas de Osaka a esos compañeros, y como no podía ser de otra forma, se puso a llover. De todas formas ya estábamos todos para los leones, así que tampoco es que hubiéramos podido hacer muchas cosas aún con buen tiempo. Bueno, vamos al meollo.

El viernes (que fue fiesta aquí) nos reunimos en Kobe, vimos algunas cosas (yo ya estuve, ya pondré las fotos algún día) y después de comer nos fuimos a Himeji. Es un trayecto cortito, y en Himeji nos pasamos un par de horas viendo el castillo. Es chulo, parecido al que vimos en Shimane.






Por la tarde nos juntamos con Rocío, la última del grupo (que ya ha visto medio Japón, la muy), nos metimos en el tren, y nos pasamos las horas de viaje hasta Amanohashidate partiéndonos de risa. El tema principal de la conversación es que estábamos, literalmente, en medio de ninguna parte, como podeis ver.


Llegamos ya de noche, nos metimos en un taxi que nos llevó al hostal donde pasaríamos la noche, ducha, planificación del día siguiente, y a la cama. Pensamos en ver amanecer, pero desechamos el plan casi al momento. A la mañana siguiente nos alegramos, porque pese a levantarnos temprano el sol ya hacía horas que estaba rondando. Nos echamos a andar buscando algún sitio donde desayunar, y cuando descubrimos que en todo el pueblo sólo había un supermercado y que abría al cabo de más de media hora, pasamos de desayuno y nos fuimos al objetivo principal: un telesilla que nos llevaría a lo alto de una montaña.





Y esto es lo que nos encontramos en lo alto de la montaña.


A ver, os explico: la idea es que, si miras al istmo boca abajo, parece un puente que cruza el cielo. Hay que echarle imaginación, ir sin desayunar y pasarse varios minutos con la cabeza entre las piernas, pero funciona. Que sí, en serio.




La vuelta al tren la hicimos pasando por encima del istmo en sí, en bicis alquiladas, haciendo muchas paradas para disfrutar de la playa más curiosa que he visto nunca. En serio: ¿cuántas veces habéis estado en una playa en la que, si empezais a andar dejando el mar a vuestra espalda, lleguéis a otra playa?




Y ya está. Eso es Amanohashidate. Cogimos el tren de vuelta a Osaka, vimos el Sky Building, cenamos okonomiyaki, y me fui a casa en el último metro de la noche. Ellos se quedaron de fiesta un par de horas más y se echaron a dormir en un manga café. Me hubiera ido con ellos, pero es que aquí tengo casa, y eso llama mucho.

Del día siguiente, domingo, poco hay que contar. Por la mañana nos fuimos a ver el castillo de Osaka (ya llevo 3) y luego a un spa. Sí, lo sé, no es muy turístico, pero después de la marcha que llevábamos se agradeció mucho. Cuando salimos del spa estaba lloviendo, y no amainó en toda la tarde, así que nos la pasamos por distritos comerciales cubiertos. Acompañé al grupo a la estación de autobús, me fui a casa, y me pasé el día siguiente como un zombi, de cansado que estaba. Pero ha merecido la pena.

Humor: como si estuviera en el cielo, pero boca abajo. Una canción: “Villain”, de LittleKuriboh.

domingo, 15 de marzo de 2009

And now for something completely different...

Bueno, los más avispados (o símplemente los pocos que hayais leído mi último post, después de un mes sin escribir nada) os habréis dado cuenta de que Kyoto me gustó tanto que, prácticamente, repetí la entrada. Es lo que tiene no ponerle fecha a las fotos, que luego me lío y no sé cuándo he hecho lo que he hecho. En fin, una vez comprobado lo avispado que soy, vamos a ver si os puedo contar algo nuevo.


Éste es el museo de ciencia de Osaka, que visitamos Filippo y yo hace un tiempo. Por dentro no se podían sacar fotos, pero es el típico museo de "tócalo todo", así que nos lo pasamos muy bien. También nos metimos en un planetario que tenían dentro. Era como una sala de cine en la que cada asiento se reclina como una cama, y todo el techo y las paredes forman una semiesfera sobre la que se proyecta la película. Como la peli de estrellas era muy tarde, nos metimos a ver una película manga que también me gustó mucho, sobre un chico que acababa de morirse y que iba en un tren de camino al cielo, o algo así. No sé, aún no estoy tan puesto en el idioma como para enterarme, pero me gustó mucho.



Esto es el Sky Building, un edificio altísimo y bastante famoso de Osaka. Se usa casi por completo como edificio de oficinas, pero también hay plantas dedicadas a fiestas y exposiciones, y las últimas plantas son un mirador fantástico de Osaka, como podéis ver.

Y ahora voy a completar el día de hoy con algunas fotos del famoso castillo de Osaka, que ya he visto 2 veces y que no me canso de ver. Una vez más, no hay fotos por dentro, porque está prohibido, pero es una especie de museo de historia del castillo, así que no os perdéis nada. Para mi gusto, lo mejor es lo que se puede ver desde fuera:






Bueno, hasta aquí por hoy. Espero no haberme repetido otra vez, y lo siento. Hasta pronto.

Humor: Algo avergonzado. Una serie: Sonic The Hedgehog.

PS: Por cierto, para manteneros un poco al día, os diré que ayer y anteayer me los pasé en Tokyo, porque teníamos reunión del grupo. La idea era que cada uno llevaría una presentación de entre 5 y 10 minutos para mostrar a los demás cómo le iban las cosas donde sea que estuviera. Siempre que hay algo como esto, alguien tiene que meter la pata, y esta vez me tocó a mí: cuando copié mi presentación al ordenador que íbamos a usar, descubrí con horror que, al hacerla, sólo había copiado a la presentación los enlaces a las fotos, no las fotos en sí. Para los legos en la materia, eso significa que la presentación en sí estaba vacía, así que tuve que soltar mi rollo sin soporte visual, lo que nunca queda bien. En fin, al menos logré arrancar alguna sonrisa al público; con eso me conformo. Un día que no tenga nada que contar a lo mejor hago la misma "presentación" aquí, con la fotos que nunca se vieron en directo. Ya veré. Un abrazo.

lunes, 9 de marzo de 2009

Mada ikiteru

Soy consciente de que hace como eternidad y media que no escribo nada. A los que se han preocupado, tranquilidad, que no pasa nada. A los que les da igual, ya he vuelto. Si volveré a escribir con tanta asiduidad como antes, no tengo ni idea, pero se intentará. No he dejado de escribir por falta de cosas que decir, eso desde luego. Si ha pasado tanto tiempo desde mi último post ha sido por pura y simple dejadez. Como le decía a un amigo hace poco, cada vez que tengo algo que contar estoy demasiado cansado para contarlo, y luego se me olvida. En fin, aprovechando que hace un mes justo que no escribo, a ver qué podemos hacer para remediarlo...

Para empezar, un repaso rápido de los temas "serios", léase: trabajo y beca. Del trabajo poco hay que decir: ya terminé lo que me encargaron (otra vez), pero el programa con el que estoy trabajando tiene algunos fallos, así que me pasé la semana pasada sin poder probar lo que he hecho, esperando a que el autor del programa lo arreglase. Evidentemente, podría haberlo arreglado por mi cuenta, pero teniendo en cuenta que el autor en cuestión se sienta a dos mesas de mí, no me daba la gana: prefiero que lo arregle él, que para eso lo ha hecho. Y francamente, creo que he hecho bien en esperar: no solo me he pasado una semana de lo más tranquilita en el trabajo, sino que el "arreglo" que le ha hecho el autor en cuestión ha sido, símplemente, quitar un puñado de cosas que hacía el programa. Para los profanos, eso significa que el hombre sabía lo que fallaba, pero no tenía ni idea de por qué. Bien hecho, caballero.

Respecto a la beca, este viernes (día 13) tenemos una reunión en Tokyo todos los Vulcanianos, para ponernos al día. A cada cual le tocará hacer una presentación en japonés (la cual aún no he empezado, a pesar de haberme pasado toda la semana pasada sin trabajo) para contarnos cómo de bien o de mal nos está yendo. La verdad es que tengo ganas de volver a ver a algunos de los compañeros: esas mañanas que nos pasábamos cotorreando como viejas y luego yéndonos a patearnos Tokyo por la tarde se echan de menos. Por eso me voy a pasar también el sábado allí. Bueno, por eso y por hacerle una visita a Akiba, que seguro que me echa de menos.

Pero dejémonos ya de rollo y vamos a lo interesante. ¿Qué he estado haciendo últimamente? Pues nada grande, pero mucho pequeño. Me explico: me pasé un día en Kobe haciendo turismo, otro en Kyoto viendo templos, visité el museo de ciencia con Filippo, fui a una fiesta en su casa, hice algo de turismo por Osaka, me he registrado en el club de aikido al que estoy yendo, me he comprado una bici, y me he roto una pierna. No, esperad, eso último no me ha pasado. Pero dadme tiempo.

Como contar todo esto se alargaría bastante, voy a empezar por el tema de turisteo, y ya seguiré luego con otras cosas. Por ejemplo, Kyoto. La idea del viaje era que un amigo de Filippo que vive allí tenía la tarde libre, así que nos juntamos los vulcanianos de Kansai (Miki, Filippo y yo) y nos fuimos a la aventura. Antes de seguir, una nota: era domingo, y el hombre sólo tenía libre la tarde. Porque por la mañana trabajaba. Viva Japón. En fin, no vimos gran cosa porque no íbamos con nada en la mente, pero nos lo pasamos muy bien: vimos un puñado de templos...





...las callejuelas de Kyoto...


...y un restaurante de sushi. Chulo, ¿eh?


En plan culturilla, os cuento un poco cómo funciona el tema. Por la cinta que se ve detrás nuestro van pasando platos con sushi de distintos tipos. Hay de todo: varios pescados y carnes diferentes, tortilla, postres, verduras... de todo. Pero si quieres algo en especial, lo buscas con la pantalla que se ve en la parte de arriba de la foto y lo pides, te lo preparan, y al cabo de un rato llega un pequeño trenecito con tu pedido en el vagón. Lo coges, le das al botón rojo, y el tren se marcha. Nos gustó tanto el tema que pedíamos todo lo que queríamos, sólo por ver el trenecito. Si es que nos divertimos con cualquier cosa...

Con un poco de suerte, mañana sigo explicándoos este último mes. Un abrazo a todos. Que os he echado de menos, tontorrones...

Humor: alegre de haber vuelto. Una canción: "Give a reason", de Megumi Hayashibara.

lunes, 9 de febrero de 2009

Onaji, onaji...

Todas las clases de aikido son iguales, está claro. Me explico: llevo yendo a clases de aikido desde hace algunos anos, siempre con el mismo grupo, y el año pasado practiqué con un grupo diferente por primera vez, en un curso. El cambio me chocó, porque era todo muy diferente, pero aprendí dos cosas: que el metodo de enseñanza de mi maestro es un tanto especial, y que no todo el mundo disfruta igual en una clase. Ayer fui a ver mi primera clase de aikido japonés, y encontré puntos en común tanto con mis clases normales como con las del curso. Y como a mí me gusta clasificarlo todo, voy a hablar de los distintos tipos de gente que se pueden encontrar en una clase de aikido.

- El novato: Es la persona que solo lleva practicando unos días o unas semanas, a veces algunos meses. Se define porque va inseguro, con miedo (por que le hagan daño o por hacerlo él), no se deja llevar, pero cuando encuentra el punto por el que coger a una tecnica se le iluminan los ojos y se vuelve muy energético. Potencial: mucho.

- El intermedio: Es el que lleva practicando entre meses y años. Casi todo el mundo encaja aquí (yo mismo), y se definen porque saben bastante, pero les falta mucho por aprender. Por la misma regla de tres, pueden explicar al que no sabe, pero siempre aprenden algo nuevo en cada clase, a veces algo sin importancia, a veces algo clave, y a veces del mismo novato al que intentan enseñar. Potencial: normal.

- El veterano: Es el que lleva el aikido en la sangre, practica en su casa, ha leido libros, y, como diria el fundador, "cada vez que se mueve, eso es aikido". Son gente capaz de dar una clase, y de darla bien, completa, sin prisas y explicando cuando es necesario, porque saben la razón de cada movimiento que hacen. Potencial: impredecible.

Entre estos tres grupos tenemos el grueso de cualquier clase, pero ayer me di cuenta de que hay ciertos tipos de gente que siempre están en todas las clases, en menor número, pero que resaltan tanto que se hacen notar.

- El rápido: Éste se mueve mas que una anguila, le sobra energía por todas partes, corre, salta, brinca y nunca se cansa. Las técnicas que hace bien, las borda. Las que hace mal, las destroza. Es mi tipo de persona favorito con el que practicar, porque te fuerza a hacer las cosas bien. Contra alguien que se mueve tanto, o haces bien la técnica, o no puedes con el. Potencial: con esfuerzo, muchísimo.

- El maestro involuntario: Un tipo especial de veterano al que no le gusta dar clase, pero que es capaz de explicarte hasta cómo se ponen las uñas de los pies, y por qué. Puede darte disertaciones enteras sobre filosofía y luego ponerse a hablar sobre su familia sin pestañear. Disfruta mas que muchos, y es muy fácil disfrutar con él. Potencial: el de un veterano, pero con más alegría.

- El duro: Este tipo se distingue porque, cuando te pones a practicar con él, se pone duro como una tabla y no deja que le hagan la técnica. Puede ser por falta de confianza, de elasticidad, de práctica... puede ser por muchas cosas, pero lo bueno es que es una fase por la que todos pasamos, así que sabemos que es tratable. Potencial: el que él quiera.

- El de Manacor: El nombre viene por un tipo que conocí en el curso del año pasado. Es un caso especial del tipo anterior: no deja que le hagan ninguna técnica, y lo hace a propósito. Lo que hace, cada vez que alguien practica con él, es no dejar que le mueva, consiguiendo que los novatos piensen que están haciendo algo mal, lo que le hace sentirse superior. En mi clase de España, por suerte, no hay ninguno de estos, pero el que nos encontramos en el curso era insufrible. Y algunos, cuando se ponen a practicar, encima lo hacen mal. Potencial: tiende a cero.

- El miraobras: De estos no he visto a ninguno en España, asi que me chocó verlos ayer. Había en la clase un par de tipos que no practicaban, se limitaban a mirar cómo practicaban los demas. No sé si sería en plan "soy demasiado bueno para practicar con estos" o mas bien "estoy demasiado viejo como para practicar con estos", pero creo que les vi hacer una tecnica en hora y media de clase. Incomprensible. Potencial: no tengo ni idea. ¡No practican!

Bueno, esto por lo que se refiere al aikido en general. Respecto a lo que vi ayer, la verdad es que me gustó bastante: gente de todos los niveles practicando juntos, mucho movimiento, risas de vez en cuando, y buen rollo en general (menos cuando el de Manacor estaba cerca, por razones obvias). En lo que se refiere a dar clase, hay una noticia mala, una buena, y una pésima. La mala es que la clase en la que estuve sólo la dan los domingos. La buena es que hay otro sitio en el que hay clases todos los días durante todo el día, y la diferencia de precio no es mucha. La pésima es que ir y volver varias veces a la semana me cuesta lo mismo que la cuota mensual. A pesar de todo, es menos de lo que pagaba en Tokyo por ir y volver todos los días a clase, asi que me compensa. Ya contaré mas detalles cuando empiece las clases. Nos vemos.

Humor del momento: Demasiado bueno. Una alternativa: Iaido.

domingo, 1 de febrero de 2009

L'otro día caminando...

Vaya fin de semana que llevo. No de malo, no: en realidad ha sido muy bueno, pero estoy rendido. Ayer salí de casa a las 10 de la mañana dispuesto a recorrerme todas las tiendas de cosas de segunda mano de mi ciudad, que estuve mirando en internet el día anterior. Estuve andando durante 3 horas, pero mereció la pena: encontré tiendas de videojuegos, de libros, supermercados, farmacias, peluquerías, parques, e incluso una tienda de bicicletas con algunas a menos de 5000Y. Alguna caerá tarde o temprano, desde luego que sí.





Después de dicha caminata, cogí un metro hasta Shinsaibashi, una zona comercial bastante céntrica de Osaka, donde seguí mirando tiendas mientras me iba acercando a mi objetivo final: el centro de residentes extranjeros de Osaka, algo así como un mega-centro de información para extranjeros que se quedan a vivir en Osaka durante un tiempo largo. Me buscaron librerías y lugares donde practicar Aikido e Iaido muy cerquita de casa, lugares que visitaré dentro de poco tiempo, y me regalaron un librito con información muy útil, en plan hospitales donde hablan inglés, qué hacer en caso de terremoto o tsunami, cosas así.




Después seguí andando hacia lo que creía que era Nipponbashi, la "zona friki" de Osaka que ya había visitado otras veces, para hacer tiempo hasta que Filippo saliera de trabajar, porque habíamos quedado para cenar. Sí, era sábado, pero los arquitectos son así de masocas, qué le vamos a hacer. El caso es que me perdí yendo a Nipponbashi, y encontré una calle donde lo único que había eran templos. Ya me pasaré otra vez de día, cuando pueda sacar fotos decentes, pero tenía muy buena pinta. Durante la cena, Filippo y yo decidimos el plan de hoy: al parecer, mi compadre italiano tiene un amigo en Kyoto que tenía la tarde libre hoy, así que el plan se decidió sólo. Ah, y Miki también se apuntó, por supuesto.

Total, hoy nos hemos pasado el día en Kyoto. Llegar ha sido sorprendentemente fácil, y barato: sólo me ha costado 500Y y una hora de trayecto, menos de lo que tardaba en llegar a mi escuela en Tokyo. Nos hemos llegado a una oficina de turismo cercana, hemos visto un par de templos, y hemos comido la mar de bien, y eso antes de encontrarnos con su amigo Shinnosuke. También nos acompañó un compañero ¿canadiense? del tal Shinnosuke, que al parecer está haciendo una estancia en Japón, y se quedará unos meses. Nos hemos pateado la zona, hemos practicado japonés e inglés, hemos comido sushi (¡muy rico!), y en general nos hemos reído mucho. A alguno os sorprenderá que hable bien de un japonés, despuñes de lo mucho que me meto con ellos a veces. Éste es especial: es un ex-Vulcanus in Europe. Eso destroza por completo toda la mentalidad japonesa, porque has visto cómo son las cosas fuera de la isla y aprendes a pensar por ti mismo. Lo dicho, ha sido muy divertido, tanto que espero repetirlo dentro de algún tiempo.








En otro orden de cosas, el viernes me hicieron una entrevista en mi compañía. Nada serio, símplemente a uno de mis compañeros de trabajo le he caído lo bastante bien como para que quiera comentarme las cosas en las que trabaja, seguramente en plan "estudio de mercado" para ver si su trabajo puede interesar en España. O eso, o necesita a alguien para practicar inglés, pero no importa: la verdad es que fue muy interesante, y me hace pensar que en realidad en mi empresa hacen cosas chulas, y no la chorrada que me han endosado a mí. En fin, lo que me interesa es aprender, y eso, desde luego, lo estoy haciendo.

Humor: maravillosamente reventado. Una canción: Kanojo ga Santa Klaus.

martes, 27 de enero de 2009

Tengo el honor de recibir de usted un plátano

>> Hace cuatro meses, cuando vine a Japón, estaba muerto de miedo. Un país nuevo, una lengua que no entendía... muchos problemas. Debido a eso, me esforcé cada día en aprender japonés. Imposible: era demasiado difícil.

>> Ahora, para entender lo que dice la gente, por supuesto, tengo que aprender el dialecto de Osaka. Ozú, no hay manera, ziquiyo.

>> Sin embargo, ahora trabajo en Sanyo, una empresa grande e importante, y cada día mucha gente me habla, lo que me alegra. A menudo no los entiendo, pero me hacen entender. Por haberme aceptado entre ellos, les estoy agradecido.

>> No sé bastante japonés para expresar lo que siento, pero lo diré en inglés: "Os agradezco, de todo corazón, que me hayáis aceptado entre vosotros, y haré lo posible por no defraudaros".

>> Por supuesto, también quiero decir algo en mi propia lengua: "Creo que sois todos muy buena gente, y me alegro de estar con vosotros".

>> Eso es todo. Mushah graziah.

Esto es, mas o menos, el discurso que les solté el otro día a los de mi empresa, en la fiesta de bienvenida que me hicieron. Las partes que dije en dialecto de Osaka las he puesto en andaluz, que es lo más parecido que tenemos en España. Muchas risas, mucha conversación, mucha bebida... y un sorprendente buen rollo. Lo típico que se dice de los japoneses, que en una fiesta no tienen nada que ver con cómo son en el trabajo, es totalmente cierto. En el trabajo, nadie habla con nadie, nadie gasta bromas (casi nunca), todos muy serios y concentrados. Delante de la mesa, todo son risas, chistes... pero así y todo nadie sabe nada sobre los demás, salvo casos especiales, y las distancias entre jefe y subalternos sigue ahí. Es curioso... y triste, a la vez. Ah, y lo de los "all nighter" japoneses, también. No hace falta ocasión especial: después de la primera fiesta, algunos se fueron a una segunda fiesta, que básicamente consistía en beber más, y alguno siguió después a una tercera fiesta en la que casi alcanza el coma etílico. El día a día de los japoneses.

Otro tema: cuando me "reclutaron" para el programa, lo hicieron porque una empresa (Sanyo) me había seleccionado para un proyecto en particular (ampliar los usos de un programa de ordenador, por no dar más detalles). En principio, me iba a pasar cerca de un mes estudiando libros, otro mes estudiando el programa, luego un tiempo implementando lo que tenía que hacer, y luego otro tiempo arreglando fallos y cosas así.

Ya he terminado.

Bueno, a lo mejor es decir mucho, pero ya he leído lo que tenía que leer, programa incluido, he metido al programa las cosas que tenía que meterle, y me falta dejarlo todo cuco y pulido, cosa que hago porque soy un puñetero perfeccionista. Así que, a partir de la semana que viene, a más tardar, no tendré nada que hacer. Literalmente. Y lo sé porque son palabras de mi supervisor: "¿Y qué te damos para hacer cuando acabes con esto?", me ha dicho esta tarde. Voy a intentar convencerles de que no hay ninguna prisa, a ver si me dan via libre para estudiar en el trabajo. Además, pienso decirles que, mientras no tengan nada más para mí, quiero dedicarme a buscarle las cosquillas al programa ése, a ver qué más cosas se pueden hacer con él. La verdad es que es interesante, y puede dar mucho de sí, pero volviendo al tema, ¿realmente pensaban que iba a tardar ocho meses en hacer esto?

La respuesta, seguramente, es "no". Y creo que es así porque, dentro de lo que cabe, he tenido suerte de tener trabajo asegurado por un mes. Tengo compañeros, todos ellos ingenieros en distintas especialidades, que están traduciendo, copiando líneas de Excel, o simple y llanamente rascándose el ombligo desde el mismo día que llegaron a la empresa. En serio, tenéis a un tío trabajando gratis para vosotros durante tres cuartos de año, ¿y no le dais nada para hacer? Desde luego, qué poco seso. Menos mal que yo me entretengo con un boli, que si no, vaya añito me esperaba...

Humor: expectante e imaginante. Un juego: Alter Ego, o en su defecto, el remake.

martes, 20 de enero de 2009

Sigo en la brecha

Bueno, hace ya una semana que no he escrito nada. La razón ya os la podéis imaginar: no hay mucho que escribir. Me paso el día currando, picando código en la Sanyo, y cuando salgo, a las 5 y media de la tarde, cuando uno piensa "eh, tengo toda la tarde por delante, puedo hacer lo que quiera", se da cuenta de que ya es de noche, hace frío, y no hay ganas de hacer nada. Mi rutina diaria consiste en hacer la compra de camino a casa, hablar un rato por teléfono con algún compañero para contarnos nuestras aventuras, hacerme la cena y pasar el rato hasta irme a dormir.

El problema es que, entre el plan de estudios que me he marcado (avanzo, avanzo) y que tengo juegos para el resto de mi vida y parte de la de mis hijos, resulta un poco complicado ponerse a escribir en el blog. Este próximo fin de semana me gustaría hacer una de esos posts en los que os cuento todas las paridas que hacen los japoneses, pero ya veremos si puede ser. No es por falta de material, eso os lo aseguro.

Novedades hay pocas: en la Sanyo ya me han puesto a hacer lo que venía a hacer, pero estoy viendo que no me voy a tirar 8 meses con eso ni en broma; me durará un mes, dos máximo, y luego ya veremos lo que quieren que haga. Por lo demás, estoy buscando sitios donde hacer aikido, pero hay demasiados y demasiado lejos, así que voy a seguir el consejo de Filippo, y este sábado me voy a un centro de información al turista que hay en Osaka, donde al parecer tienen bases de datos de prácticamente todo lo que te puedas imaginar. A él le dieron sitios para nadar y para comprarse una bici de segunda mano; espero tener la misma suerte que él.

Humor: asombrado de la ingente capacidad de juego que estoy desarrollando, lo que resulta sorprendente por lo jugón que era ya antes. Una comida: los encurtidos. Comida típica de Osaka, y ni siquiera los mismos osakienses lo saben.

miércoles, 14 de enero de 2009

This was a triumph...

Hoy ha sido un día realmente memorable. Para empezar, hoy he tenido mi primera reunión en la Sanyo: a media mañana mi supervisor me dice "tenemos una reunión, venga" y nos vamos al piso de arriba, donde nos sentamos todos en una mesa. Nada más empezar, al jefe se le ve algo nervioso, y cuando empieza a hablar entiendo por qué. Sus primeras palabras fueron, más o menos, éstas: "Bueno, ¿cómo lo hacemos? ¿Alguien de aquí sabe inglés? Tú hablas un poco, ¿no?"

Sí, estaban hablando de mí. Cuando les digo que pasen de mí y que hagan la reunión en japonés, que mi supervisor ya me explicará en privado lo que necesite saber más tarde, la habitación entera suspira. En fin, tenían parte de razón al estar preocupados: no me enteré de nada. Cuando e toca hablar a mí, mi supervisor coge la palabra (menos mal, porque no sabía que me tocaba hablar a mí) y explica lo que he estado haciendo. Su explicación fue lo único que entendí de toda la reunión, así que aproveché para confirmarles que lo que había dicho era exacto. Pero ésta no es la parte memorable.

Sigo en mi trabajo, que consiste básicamente en coger un programa que han hecho los de Sanyo y toquetearlo para que haga más cosas. Nota para los que sepan de programación: cerca de un centenar de pequeños ficheros en C, sin una sola línea de comentario. Bueno, pues hoy, tras cerca de una semana de trastear con el programa, por fin he logrado despiezarlo lo suficiente como para averiguar cómo está montado: es una mezcla exótica de tres programas, dos de los cuales estaban rondando por internet y el tercero lo ha hecho uno de mis compañeros de trabajo. ¿Y el esfuerzo que me habría ahorrado si me lo hubieran dicho desde el principio? Vale, pero no tendría la sensación de triunfo que tengo ahora. Pero ésta no es la parte memorable.

La parte memorable es mucho más importante que el trabajo, que el programa, que el japonés. Atentos: ¡He estrenado mi cocina! ¡Yujuu! Ya era hora, caramba: tras una semana aquí (y otros 4 meses sin cocina, que conste), me he hecho mi primer huevo duro en Japón. Vale, no es gran cosa, pero ni tengo ingredientes ni utensilios de cocina, así que tengo que empezar por abajo: no me voy a comprar un menaje completo el primer día. En fin, éste es el comienzo de muchas sopas, tortillas, cosas fritas y, llegado el momento, quizás hasta unas lentejas o una paellita, ya veremos.

Humor: Oh, cuán satisfecho. Una palabra japonesa: "sei", que, según cómo se escriba, puede significar causa, generación, positivo, vida, apellido, naturaleza, sagrado, espíritu, o "made in".