lunes, 27 de julio de 2009

Fuji-chan ni nobotta

Es necesario un pequeño inciso en esta serie de posts sobre el Japón cotidiano para hablar del monte Fuji, la montaña más alta de Japón, un volcán apagado de algo más de 3700m, y el último destino de mis viajes por este país. Sí, me he llegado a la cima de un volcán. Sí, estoy como un cencerro. Como si no lo supierais ya.

El sábado por la mañana, en la estación de Shinjuku de Tokyo, nos reunimos un grupo de Vulcanus listos para subir la montañita en cuestión. El plan era llegarnos en bus hasta la 5ª estación (a unos 2000m de altura), comer y habituarnos a la altura durante un par de horas, y luego echar a andar por el más corto de los 4 caminos que llevan a la cima, despacio y sin prisas, durante toda la tarde y parte de la noche, descansando en alguno de los refugios de la montaña, a fin de poder ver amanecer desde lo alto del Fuji. Después bajaríamos por otro camino diferente, para ver paisajes nuevos, hasta la misma altura a la que empezamos, cogeríamos un bus de vuelta y a dormir durante una semana.





Los planes nunca salen bien, a pesar de lo que dice Anibal en "El Equipo A": tras hacerse de noche, y justo mientras estábamos haciendo el segmento más largo entre estaciones (el trayecto entre la 6ª y la 7ª, de una hora de duración con buen tiempo) se nos puso a llover. No era una lluvia fuerte, sino más bien un calabobos, pero fastidiaba, y mucho, tanto por el frío como por la ropa mojada (sí, llevábamos chubasqueros, pero lo mismo daba). A mí, en particular, me fastidió más de la cuenta porque la lluvia me mojaba las gafas, y los que me conozcáis sabréis que yo sin gafas veo menos que Paco Leches. Total, que hartos de lluvia y con bastante frío llegamos a la 7ª estación, y cuando pedimos refugio nos dicen que está lleno y que no podemos pasar. Aquí podría ponerme a hablar del racismo en Japón, de la falta de hospitalidad, ponerlos de vuelta y media... pero no lo haré, porque creo que si a un español al cargo de un refugio a medio camino de subir el Teide se le presenta a las 9 de la noche un grupo de 13 marroquíes pidiendo refugio hablando un español macarrónico, también los mandaría a paseo, llueva, truene o avalanchée.

Total, que al cabo de una hora (igual dos, no llevaba muy bien el tiempo en ese momento) por fin nos dejan pasar, nos cobran 6000 yenes y nos dan un saco de dormir y ropa seca para pasar la noche. Muchos no pegamos ojo, claro, pero al menos estábamos a resguardo de la lluvia. A las 4:30 amanece, y nos echan del refugio, junto a todos los demás que había allí durmiendo. Cabreos varios entre el personal porque no sabemos dónde diantres han dejado nuestras cosas (mochilas, zapatos, todo cambiado de sitio) y además han metido toda nuestra ropa mojada en bolsas de plástico. En fin, salimos con muy mala uva del refugio y nos relajamos viendo el amanecer. No es el que queríamos ver, pero se acepta.




Cuando empieza a calentar un poco más comenzamos a subir. Sí, aún nos quedaban ganas de llegar arriba, y el hecho de que no hubiera visos de lluvia animaba a hacerlo. Por suerte, el amigo Fuji ya había terminado de soltarlo todo, y llegamos sin mayor novedad a la cima. Hora de desayunar: ramen caliente, zumo de naranja, y p'alante.








A partir de aquí, no queda mucho que decir. Bordeamos el cráter ligeramente para llegar al camino que usaríamos para bajar, descansamos un buen rato, y nos encaminamos hacia abajo, con el monte Fuji conquistado. Eso sí, la bajada fue infinitamente más fácil que la subida: nos pasamos el rato hablando, riendo y cantando... bueno, lo de cantar sólo lo hacía yo, pero me da igual, también cuenta.






Humor: asombrado, casi no tengo agujetas. La dieta del azúcar es lo que tiene. Una canción: "Cántame", de María del Monte. En lo alto de la montaña se hacía necesario algo español.

viernes, 24 de julio de 2009

Tema 1: El trabajo

Por supuesto, cada compañía es diferente. Las hay muy europeas (incluso llevadas por europeos), las hay normalitas (tipo gran empresa española), y luego hay otras como la mía, muy tradicionales. ¿Que qué quiero decir con "tradicional"? Para empezar, los uniformes. Todo el mundo va vestido de igual forma, jefes incluidos. ¿La razón? Que todo el mundo se sienta integrado, parte del equipo. Sin embargo, el hecho de que todos los jefes se sienten en línea, en un lado de la habitación, y con sus mesas apuntando al resto del personal, como que se carga la imagen de igualdad. Además de eso, las empresas tienen ciertas políticas muy estrictas, desde la hora y el tiempo designado para comer (en el comedor de la empresa, por supuesto) hasta qué ventanas se pueden abrir y cuáles no.

Los departamentos tienen poca o ninguna opinión acerca de cómo se deben regir, el director simplemente sigue los pasos de su predecesor. Y algunos de esos pasos son especialmente curiosos. En mi departamento, por ejemplo, hay un programa para fomentar la comunicación entre los empleados. Lógicamente, por estar tan jerarquizados como están (y tan ocupados, todo hay que decirlo), casi no hablan en el trabajo, e incluso en la hora de comer se habla poco y las risas son casi siempre forzadas, pero alguien decidió en su día que hay que comunicarse, así que todas las semanas, alguien del departamento se pone delante de todos los demás y cuenta "algo que le haya ocurrido". A veces es algo realmente interesante, como una vez que el hijo de uno pasó una gripe fortísima, o cuando alguien fue a un parque de atracciones o a un viaje, pero dado que casi no se conocen entre ellos, muchas veces el interesado simplemente habla del trabajo que está haciendo en la empresa. Sí, lo sé, es muy triste.

Otro detalle de las empresas tradicionales es el Taiso, que viene a ser una pequeña tabla de estiramientos que se hacen con música de fondo. No es mala idea, pero hay un par de cosas que lo hacen odioso. Para empezar, se hace todos los días a la misma hora, normalmente a la entrada del trabajo, quieras o no. Para seguir, algunas compañías (sí, la mía entre ellas) lo hace varias veces al día, a las mismas horas. Para terminar, siempre usan la misma música y hacen los mismos ejercicios. Pensad lo que es eso: todos los días, a las 9:00, las 10:30 y las 13:30, suenan los cuartos del Big Ben, una voz anónima te dice "Hoy también, todo el mundo a hacer Taiso para estar sanos", y empieza a sonar una musiquilla estridente durante 3 minutos. Y eso no es todo. La música es la misma en todo Japón. Sí, efectivamente, podéis ir a cualquier empresa japonesa en la que se haga Taiso, y la grabación es la misma. Ah, y a veces, tras el Taiso, se oye por megafonía un anuncio sobre algo, que puede ser la política de limpieza de la empresa, un anuncio sobre buena educación (ya os hablaré de esto otro día) o un anuncio sobre el siguiente partido de voleibol de la empresa. Y, cuando el anuncio se tiene que repetir durante varios días, o incluso cada día durante varias semanas, no lo graban: la misma mujer lo lee todos los días, en el mismo tono y con las mismas palabras. Os lo juro, creía que era una grabación hasta que un día se le trabó la lengua.



Humor: expectante. Un deporte nacional: subir el monte Fuji.

miércoles, 22 de julio de 2009

...y por eso no soy de letras

Bueno, debido a un comentario de un compañero Vulcanus, que ha amenazado con estrangularme (y con razón) por mi ignorancia en historia japonesa, he hecho algunas investigaciones y he corregido mi último post, haciendolo algo más exacto. Sin duda seguirá teniendo errores, pero eso es lo que pasa cuando alguien que no tiene ni idea de historia decide escribir sobre historia. Si alguien más cree que he cometido algún error, que sepa que, casi con total seguridad, tiene razón, y si me lo indica será corregido. Prometo no volver a escribir sobre historia nunca más, en serio.

Humor: investigador. Una serie: "Shogun".

jueves, 16 de julio de 2009

Prólogo: un poco de historia (actualizado)

Lo siento, pero es necesario para entender lo que sigue. Prometo resumir mucho. Bueno, no sé si sabéis que Japón es un país que, durante muchos años, ha tenido poco o ningún contacto con otros países. Para empezar, es una isla, y hace tiempo era difícil viajar a y desde Japón. Además, Japón no es que haya sido un modelo de buena conducta con sus países vecinos: ha intentado invadir, con más o menos éxito, China, Corea, Vietnam y nosecuántos sitios más. La razón es obvia: los japoneses son muchos y no caben. Pero el caso es que no se llevaban muy bien con sus vecinos, y el partido que tomaron en la segunda guerra mundial terminó de dejarlos en mal lugar. Precisamente por eso, tras la segunda guerra el país cerró sus fronteras, y no tuvo contacto (oficial) con nadie de fuera durante muchos años. Pensad en ello. ¿Creéis que los españoles soportarían vivir sin noticias del extranjero, sin poder salir de sus fronteras, sin saber nada del mundo exterior, durante varios años? Además, Japón estuvo aislado del exterior (salvo algunos mercaderes holandeses que quedaron recluídos en Nagasaki) durante algo más de 200 años. El objetivo original era evitar la entrada de los jesuítas en el país, pero la consecuencia práctica fue que el país estuvo, de hecho, completamente aislado del exterior desde 1641 hasta 1853: nadie podía entrar o salir del país, bajo pena de muerte. Como nota curiosa, parece ser que un capitán español le comentó a un señor feudal japonés que España se valía de los sacerdotes para sus conquistas. De ser cierto, podríamos echarle al culpa a España del aislamiento de Japón... mejor no comentarle esto a mis compañeros de trabajo, por si acaso.

Para evitar revueltas Tras la segunda guerra mundial, el gobierno japonés hizo una reforma en la educación que básicamente venía a enseñar a los niños dos cosas muy concretas: que Japón es el mejor país del mundo (y por tanto podemos ignorar al resto), y que ningún japonés es mejor que otro. Esto choca un poco con la mentalidad japonesa, muy jerarquizada (mi padre, mi jefe, incluso mi vecino que me saca 5 años son superiores a mí, por una u otra razón). Vale, choca mucho. Muchísimo. De hecho, son pensamientos totalmente opuestos. El resultado es que el japonés medio vive en constante lucha mental por tener un cierto nivel de individualidad, por ejemplo comprando ropa especial, colgantes para el móvil, y cualquier otra cosa que le haga destacar en la multitud, pero mientras tanto es bombardeado por la sensación de que el sistema "comunista" (todos iguales bajo el mando de uno) es el correcto. Ésta es sólo una de las muchísimas contradicciones que llevan los japoneses en la cabeza.


En la práctica, esto lleva a cambios muy bruscos de mentalidad. Por ejemplo, los adolescentes japoneses son rebeldes, inconformistas y adictos a la juerga (como en todas partes). Sin embargo, a los 18 años el japonés debe ponerse a trabajar (o entrar en una universidad, que es dificilísimo en Japón), porque no hacerlo es una deshonra para su familia (no es broma). En cuanto entra en su empresa, la sensación de estar rodeado de superiores se impone, y no importa lo rebelde que fuera, se convierte en un corderito nada más entrar por la puerta. Le llevará varios años de trabajo poder adquirir suficiente confianza con sus compañeros para poder tratarlos como iguales, si es que lo consigue alguna vez.

Espero no haberos aburrido mucho. A partir del próximo post, comenzamos con temas concretos del día a día de un japonés.

Humor: con prisas. Un juego: "Streets of Rage Remake".

PS: Ayer me gasté 25000 yenes en mandar cosas a España, y aún me falta la mitad. Realmente creo que he comprado demasiado...

martes, 7 de julio de 2009

El comienzo del final

Bueno, dentro de poco tiempo me vuelvo por fin a España. Va quedando cada vez menos que decir en el blog, pero aún quedan unas cuantas cosas de las que quiero hablar. Hasta ahora habéis leído mi opinión sobre Japón como país: qué cosas tiene, qué es bonito, qué es raro, qué me gusta y, en general, qué he hecho. Los que me conocéis de hace tiempo sabéis que yo, cuando voy a algún sitio nuevo (país nuevo, ciudad nueva, cine nuevo, da lo mismo), no solo miro. Yo analizo. Y analizo, sobre todo, a la gente, porque hay pocas cosas más interesantes que analizar por ahí. No he querido hablar sobre esto hasta ahora porque alguien podría pensar "hay que ver, llevas allí unos pocos meses y ya estás despotricando de todo el mundo". Bueno, ya llevo aquí cerca de un año, así que creo que tengo un punto de vista bastante decente sobre cómo piensa esta gente. Eso sí, ya he tenido mis oportunidades para quejarme de todo lo quejable, así que en estas próximas entradas voy a intentar ser todo lo objetivo que pueda... bah, ¿a quién trato de engañar? Los voy a poner de vuelta y media ;)

Ahora en serio, durante las próximas semanas iré subiendo comentarios sobre temas como la forma de trabajar, las comidas, el idioma, la moda... temas que creo que son interesantes acerca de cómo se comportan los japoneses. Tengo ya casi todo escrito, pero si alguien tiene una especial curiosidad y quiere proponer un tema, adelante. Si da para una entrada completa, que cuente con ella. No os cortéis.

Humor: escritor. Una película: Los Inmortales.

martes, 23 de junio de 2009

Un fin de semana especial

¿Sabéis que dicen que estamos en crisis? No sé, igual no habéis oído nada del tema, pero parece que hay algunas compañías que lo están pasando mal para aguantar en plantilla a todos sus empleados. La mía, en particular, parece que tiene problemas, y hace un tiempo recortó el sueldo (y las horas de trabajo) de gran parte del personal. Que tu empresa haga esto cuando eres un empleado es un asco. Que lo haga cuando eres un becario, como yo, es genial.

¿A qué viene todo esto? Bueno, desde hace algún tiempo tengo un día libre más al mes, normalmente un lunes. El mes pasado no hice nada especial porque, siendo un desastre como soy, se me olvidó que el lunes era fiesta, y no me acordé hasta que me planté ante la puerta (cerrada) a las 9 menos 5 aquella mañana. Aprendí la lección, y este fin de semana pasado (ayer lunes incluido) lo he aprovechado para ir tachando cosas de mi "lista de chorradas que quiero hacer en Japón antes de volverme a la España". Y como, aparte de estos pequeños placeres, mi vida es muy rutinaria, os lo voy a contar.

El sábado me fui a un pueblo del NW de Osaka, llamado Minoo, en el que hay un parque natural con cascadas, un río, muchos árboles, un museo de insectos... en fin, el sueño de cualquier loco de lo verde como yo (excepto lo del museo de insectos, reconozco que eso es una rareza mía). Versión corta: me encantó. Versión larga: acabé reventado y no me sentía los pies, pero si miráis las fotos, veréis por qué que me encantó.





El domingo me fui a otro pueblo, Sakai, esta vez al SW de Osaka, donde esperaba poder visitar el mausoleo del emperador Nintoku, el supuesto 16º emperador de Japón. Gran desilusión: el mausoleo es una isla rodeada por varios fosos, y no se puede llegar hasta ella. En fin, me saqué la foto obligatoria y me di un paseo por el parque de enfrente, donde hay más tumbas similares en islas (aunque más pequeñas) antes de volverme a Osaka y completar un poco más mi colección de libros que no sé dónde voy a poner cuando vuelva.



Ayer, por fin, me marché a Kyoto, en plan peregrinaje. Los que me conozcáis aunque sea un poco sabréis que me apasionan los videojuegos. Estoy en Japón, así que ¿esperabais que no me pasara por aquí, aunque solo fuera para que los guardias me echaran amablemente?


Me pasé por delante de las oficinas principales y del edificio de I+D, pero hubo algo que me quedé con ganas de ver: el emplazamiento del edificio original de Nintendo, donde empezaron como una fábrica de naipes (para los que no lo sepan, no es broma: Nintendo empezó fabricando barajas de Hanafuda). Mala suerte: no logré encontrarlo, no sé si porque ya no está o porque me equivoqué de sitio. La verdad es que se lo podría haber preguntado a los guardias de la oficina principal, pero se me pasó. ¿Qué le vamos a hacer?

Humor: tachando cosas de la lista alegremente. Un juego clásico: Pacman.

lunes, 8 de junio de 2009

Shitteru? Shikoku he itta

Bueno, ya he vuelto. Otra vez. Para variar, he tenido un parón de escritura, por la simple razón de que no había nada que decir: en la empresa siguen sin darme trabajo (al menos nada que yo considere trabajo), no he hecho ningún viaje digno de mención, y mi vida ha sido muy rutinaria en general. Gran parte del parón de actividad los fines de semana se ha debido al ya infame "brote de gripe", que se ha cebado con Japón de una forma espectacular, y muy especialmente con Kansai, la zona en la que vivo. Por suerte, no he pillado ni un catarro, pero ha habido muy pocas ganas de salir y juntarse con el resto del mundo durante estos días. Pero bueno, eso se acabó, y ayer mismo volví de una nueva escapada, una que llevaba planeando ya algún tiempo: Shikoku, una de las 4 islas principales de Japón, ha tenido el honor de recibirme.


El plan era salir de Osaka el sábado por la mañana, llegarme a Naruto en bus y visitar los famosos remolinos que se forman allí. Para los que no lo sepan, Naruto es una zona junto a un estrecho en el que se forman, de forma natural, dos grandes remolinos cuando la marea sube o baja. Cuando Rocío y yo (los dos únicos que al final nos apuntamos al viaje) llegamos allí nos rendimos a la evidencia de que ver los remolinos por la mañana iba a ser imposible, porque ya llegábamos tarde, así que nos esperamos a ver el de la tarde. Unos cuantos paseos por la playa y una buena comida de pescado después nos metimos en un pasillo con ventanas en el suelo desde el que, en teoría, se podían ver los remolinos. Gran decepción: el remolino se formaba a unos 100m de distancia, así que solo lo vimos a lo lejos. Al parecer, la única manera correcta de ver los remolinos es comprar un billete para un barco que se acerca, pero ya no teníamos más tiempo, así que pasamos al siguiente punto del plan: irnos a Takamatsu a pasar la noche.




En Takamatsu lo que nos esperaba era un jardín y un castillo, además de una noche de sueño. Cuando llegamos a la parada de autobús nos encontramos con que había salido 10m antes, y había que esperar cerca de una hora para el siguiente, así que hicimos lo que cualquier persona lógica haría en nuestro lugar: nos echamos a andar. Total, ¿15m de bus, andando? Media hora, todo lo más.

2 horas, un anochecer y un puente sin acera más tarde, llegamos a la estación. Que estaba cerrada. De camino ya había quedado claro que llegarnos a Takamatsu (que estaba a 3 horas de tren) era ya imposible, así que nos decidimos por una ciudad cercana llamada Tokushima. En la misma estación nos encontramos con una pareja de españoles que estaban haciendo una gira intensiva de 3 meses por Japón, y que nos recomendaron un hotel en Tokushima. Media hora de bus y un registro más tarde, ya teníamos techo. Cena, una vuelta "fuera de programa" por esta bonita ciudad, ducha y a la cama... digo, futón.



El domingo volvimos al plan original: el valle de Iya, uno de los "valles perdidos de Japón" según los entendidos, idea de Rocío y probablemente el mejor destino posible para este domingo. Nada más llegar a la estación más cercana contratamos un autobús turístico para hacer una visita guiada por todo el valle, visita que nos llevó a dar un paseo en barca, a un museo, a un puente hecho de lianas y al Manneken-pis japonés, entre otros sitios.






Sigo pensando en nuevos viajes que hacer, pero ya veremos, porque la gente cada vez tiene menos tiempo y menos dinero, y no hay muchos viajes que me apetezca hacer yo solo. Os mantendré informados.

Humor: Muy, muy satisfecho. Una canción: "Die Hard", de Guyz Nite.

sábado, 16 de mayo de 2009

Segunda parte

Bueno, sigamos con el viaje de la Semana Dorada, que aún me queda la vuelta. Después de visitar Hiroshima y pasar una buena noche de sueño, reposé el desayuno viendo algunas zonas más de Hiroshima, y luego me metí en el tren que me llevaría a Onomichi, mi siguiente destino. Allí, lo más interesante es una cosa llamada "El camino de la literatura", que consiste simplemente en una serie de piedras con escrituras clásicas japonesas grabadas. Claro, algo así no puede ser muy interesante, pero echemos un vistazo...



Está claro que a esta gente le gusta eso de subir y bajar de sitios. En fin, por si el día anterior no había sido ya agotador, éste terminó de destrozarme las piernas. Pero, una vez más, mereció la pena.


Tras este agradable paseo, un corto trayecto en tren me llevó a Okayama, otra zona montañosa con fama de ser bonita. Por suerte, lo único que me interesaba de esta parte de Japón era el castillo y un parque que tiene delante. Es uno de esos parques en los que hay que pagar para entrar, pero no es demasiado caro, y es un lugar magnífico en el que pasar la tarde.




La vuelta a Osaka, en tren, larga y silenciosa. Bueno, no tan larga, solo unas 3 horas, pero cansado como estaba, casi me quedo roque. Y el día siguiente, a Kyoto, a seguir haciendo el turista. Pero eso es otra historia...

Humor: relajado. Un cuento: La leyenda de Momotarou.

lunes, 11 de mayo de 2009

Watashi ha koukousei tantei, Kudou Shinichi

Ayer fui a ver mi primera película en japonés al cine. Desde que me dijeron que iba a venir a Japón, sabía que iba a ir al cine a ver una película de Detective Conan, y parece que los japoneses me oyeron, porque decidieron que iban a hacer la de este año más épica que de costumbre. Lógicamente, no me enteré de gran cosa de la película (como diría quien yo me sé, "simplemente me quedé ahí sentado mirando aquellas bonitas imágenes"), pero disfruté como un enano, entendí bastantes más cosas de las que me esperaba, y fue un subidón en mis ganas de aprender japonés que, francamente, necesitaba. Entre la semana que me pasé en España y la Semana Dorada, en la que solo he hablado en español, ya se me había olvidado este bonito idioma.

Y como las mejores terapias son las de choque, hoy he tenido que hablar delante de la gente de mi empresa, otra vez. La historia, no sé si lo he dicho ya, es que cada lunes por la mañana una persona del departamento se pone delante del resto y habla de "algo que le haya ocurrido". No sé si será una forma de que la gente se conozca mejor a la fuerza o simplemente se aburren, pero esta semana me ha tocado a mí. En realidad me tocaba el jueves pasado, que fue el primer día de trabajo después de la Semana Dorada, pero estaba tan reventado que me pedí el día libre. Mejor: un fin de semana más para preparar el discurso.

La mayoría de los japoneses, al menos los que trabajan para una compañía grande como Sanyo, no tienen intereses fuera del trabajo. Supongo que le dan al trabajo más importancia que yo, o tal vez no tienen tiempo para nada más, pero el caso es que, cuando les toca hablar, la mayoría solo hablan de su trabajo. De vez en cuando hay casos especiales, como el tipo que tuvo que cuidar de su hijo cuando pasó una gripe muy mala, pero son excepciones. Yo, como buen español, he hablado de la Semana Santa. La alternativa era hablar de mi viaje a Hiroshima, pero a los japoneses les aburre hablar de Japón, porque se pasan el día oyendo discursos patrióticos por todas partes (en serio, en casi todas las celebraciones se menciona el nombre del país en un momento u otro).

En fin, podría haber ido peor. Me preparé, con ayuda de un amigo (gracias, Carlos), el discursito en cuestión. Me lo estudié, me lo repasé, lo hice lo más fácil que pude... y, lógicamente, llegado el momento me quedé en blanco. Olvidé la regla de oro de los discursos: comienza con algo intrascendente para calentar y dejar que llegue el resto. Total, que el primer párrafo me lo inventé por completo, y me quedó fatal. Aún así, creo que el resto fue bastante bien, pero espero no tener que repetirlo en la vida. Esperanza vana, porque me quedan al menos otros dos discursos para dar mientras estén en Japón.

Humor: risilla nerviosa. Una frase: Shinjitsu wa itsumo hitotsu!

PS: Como tengo una suerte que no me la merezco, nada más salir de ver la peli de Detective Conan me encontré, de pura casualidad, con estas cosillas, que pasaron a formar parte de mi ya abultada colección de plástico.

sábado, 9 de mayo de 2009

Ya es primavera...

Esta semana pasada ha sido la Semana Dorada en Japón, lo más parecido que tienen los millones de adictos al trabajo de por aquí a unas vacaciones. De entre los japoneses a los que he preguntado, ninguno ha hecho nada especial. De entre los Vulcanus, algunos se han ido a Australia, otros a Korea, otros a sus respectivos países... y otros, como el que suscri, se han quedado en Japón, viajando y viendo cosas nuevas. Personalmente, me organicé un viajecito corto, de un par de días, a Hiroshima y alrededores, y usé el resto de los días para ver zonas cercanas a Osaka, sobre todo Kyoto y Nara. Comentar toda esta semana en un post es excesivo, incuso para mi habitual verborrea, así que voy a comenzar con el principio del viaje, y ya iré completando.

Para llegarme a Hiroshima cogí el 123bus, un servicio de autobuses baratos que tiene algunos nocturnos. El único problema es que tienen por norma avisar por megafonía cuando se hace una parada, y como las normas están para cumplirlas, hacen eso incluso de noche. ¿Sabéis la gracia que hace a las 4 de la mañana que te enciendan las luces y te griten que, si quieres bajar a comer o a ir al aseo, eres libre de hacerlo? En fin, durmiendo lo posible, llegué a Hiroshima, donde apenas estuve nada de rato, porque la primera parada era Miyajima, una islita a media hora de distancia.


Miyajima es famosa porque cuenta con una de las 3 vistas más famosas de Japón. Sí, hay una lista de las 3 vistas más famosas de Japón. Y con los 3 jardines más famosos. Y con los 3 castillos, montañas, Budas, festivales, templos... A esta gente les encantan las listas. En fin, de esas tres vistas, una de ellas era el puente en el cielo de Amanohashidate, que ya os enseñé. La segunda es el torii flotante.


La verdad es que es bastante impresionante, y sorprendentemente poco visitado, al menos cuando yo estuve allí. El torii está delante del templo Itsukushima, costero y casi al aire libre, pero la ciudad no tiene sólo el templo. Detrás del templo hay una montaña con algunos templos más, para ver los cuales hay que tener bastante buenas piernas. Me subí la montaña entera (hay una parte que se hace con teleférico) y me pateé gran parte de la zona superior, donde no se puede dar un paso sin subir o bajar escaleras. Acabé reventado, pero mereció la pena.







Tras volver a Hiroshima, registrarme en el hotel y zamparme un okonomiyaki típico de la zona, alquilé una bici en el mismo hotel y me puse a dar vueltas por la ciudad. El primer objetivo era el parque de la paz, con la cúpula que queda como recordatorio de la bomba atómica y el museo de la paz. La verdad es que en toda esta zona de Japón se pueden encontrar referencias a la paz, lo cual, tras lo que pasó en la segunda guerra, es comprensible.


También visité el castillo de Hiroshima. Uno más, pero es que me gustan.


Y aquí tenemos el gran golpe de suerte del viaje. Resulta que, sin comerlo ni beberlo, me encontré en medio de un festival dedicado a la paz, que duraba 3 días. No tenía ni idea de que estaba ese festival, ni de cuándo era, ni de qué trataba, pero llegué en el momento justo para disfrutarlo. Fijaos qué cosas tan chulas.





Humor: asombrado. Una pregunta: ¿Por qué a los japoneses no les gustarán las vacaciones?