domingo, 21 de septiembre de 2008

Para ESTO es para lo que sirve el japonés

Bueno, ayer no escribí nada en el blog. Había una razón para ello. O más bien, una ristra de razones. Para empezar, era sábado, con todo lo que ello implica: compras de día, fiesta de noche, a lo superhéroe de andar por casa. Por la mañana, al supermercado, donde por fin encuentro una especie de colacao que podría estar bueno (el que tengo ahora flota a la superficie de la leche si no lo sigo removiendo), pero con un detalle curioso: mientras estaba allí comprando, por el hilo musical empieza a sonar “Ready Steady Go”, el opening de “Fullmetal Alchemist”. Increíble. Lo mejor es cuando me imagino que estoy en el Mercadona y empieza a oírse, no sé, la música de “David el gnomo”, por ejemplo (lo siento, no se me ocurren ningunos dibujos animados españoles de hoy).

A la tarde no hay ganas de hacer nada que no sea descansar, pero como mañana es el cumple de Lara (otra española, Rara-chan para los amigos), recibo un mensaje de que a las 8:30 quedamos junto a nuestro perrito favorito de Shibuya. Salgo antes de tiempo y me voy a darme una vuelta por Akihabara, en parte porque aún no lo conozco tan bien como quisiera y en parte porque Miki (un medio-polaco, medio-alemán de nuestro grupo, que está como un cencerro) me ha hablado de una tienda llamada “Book Off” que hay por ahí, donde hay videojuegos antiguos. Contra todo pronóstico, la encuentro, y me paso la tarde allí. Os cuento: primer piso, videojuegos, comenzando por PS3 y bajando por WII, GC, PS2, PSX, NDS, GBA... ahora empieza lo bueno: SNES, Famicom (la que no salió de Japón), GB, e incluso algunos de ese PC raro que tenían los japoneses antes de que llegaran los PCs americanos, Family Computer creo que se llamaba. Y ahora el pasmo: los precios. Ninguno llegaba a los 2000Y. De hecho, los más viejos costaban 500Y, con su caja, sus instrucciones, con todo. Segundo piso: más de lo mismo, pero con CDs de música. Estos estaban algo más caros, pero aún así no superaban los 2000Y ninguno. Tercera planta: Libros. Cuarta planta: manga shoujo (para los de la ESO: manga para chicas). Quinta planta: manga shounen (idem para chicos). Y en estas tres plantas, casi todos los tomos estaban a 100Y. No, no me falta ningún cero. Dios mío, quiero aprender a leer japonés YA. Una buena excusa para pasarme el día estudiando; ya veremos si funciona.

Total, que llego al Hachiko con la impresión de que un día entero en Akiba no sería suficiente para mí. Nos vamos a cenar, luego al karaoke, y como vivo en el quinto comosellame tengo que irme antes de tiempo. No os preocupeis, estamos hablando de mí: aunque me vaya antes de tiempo, me las apaño para perder el último tren a mi ciudad. Cosas de ir con prisas: miré la tabla de trenes de los día de semana, y ayer era sábado. Total, que cuando llego a la estación sólo queda un tren que llega hasta medio camino de Kasukabe. Me meto dentro, pero ya me imagino haciendo noche en un pueblo perdido. De camino, repaso mi japonés para ver si encuentro alguna manera de pedirle un taxi al encargado de la estación. No oigo nada a mi alrededor, pero hay una palabra que entra en mi cabeza como una flecha: “Kasukabe”. ¿He oído bien? ¿Quién menciona tan bello nombre? En una estación nos cruzamos con un tren local que llega hasta Kita-Kasukabe, una parada de tren más allá de la mía, y me lanzo de cabeza a él. No se me ocurre pensar que, si hay uno allí, perfectamente puedo encontrarme con otro más adelante, y que en el peor de los casos simplemente tendría que esperar a ése desde otra estación. A la porra todo: me meto en el local, llego a casa casi a la 1 de la mañana, pero por lo menos he hecho gran parte del trayecto con la seguridad de que iba a llegar.

Supongo que esto explica que ayer no me vierais el pelo por aquí. Esta noche os vuelvo a ver. Un abrazo.

PS: El tifón, ni lo hemos visto. Se ve que pasó por la noche, ni nos dimos cuenta, y nos dejó un día de solana perfecto para ir a la playa. Lo curioso es que en el parte meteorológico de las 11 de la mañana decía que había un 100% de probabilidades de lluvia. Y en el cielo, ni una nube. Toma ya.

Humor del “momento tren”: Ni idea, no me daba cuenta de nada. Una canción: “Yesterday”, de The Beatles.

sábado, 20 de septiembre de 2008

¿Y mi kimono? ¡Kiaaa!

Buf. Simplemente, buf. Del todo. Hoy directamente no hemos tenido clase de japonés: en su lugar, hemos leído por turnos unas redacciones que hemos hecho. Las de mi clase se llamaban “Watashi no ichi nichi”, o sea, “un día en mi vida”. Básicamente comentábamos nuestra rutina diaria. ¿Fácil, verdad? No, ni lo más mínimo. Dejando de lado el hecho de que lo exponíamos delante de todo el mundo (total, a nuestras edades no es fácil que nos avergoncemos por cosas así), no sabéis lo difícil que resulta leer una página escrita en japonés a una velocidad normal. Vale, a mí sí me resulta difícil. Dadme tiempo, soy de reacciones lentas.

Después de las presentaciones y de una comida rápida, nos hemos ido al centro de prevención de accidentes. A ver si logro explicarlo: es un lugar, un piso, en el que te enseñan a reaccionar ante eventos tan imprevistos como un incendio o un terremoto. Sí, estas cosas son tan frecuentes en Japón que tienen sitios para enseñarle esto a la gente. La verdad es que no ha estado nada mal: primero nos han metido en un sitio lleno de humo (artificial, no tóxico) para que aprendiéramos a movernos agachados y buscando la salida en un pequeño laberinto de puertas. Luego nos han enseñado a practicar una reanimación cardiopulmonar (de lejos: no nos han dejado ni tocar los muñecos) y a manejar un extintor. Luego hemos llegado a la mejor parte: simulación de terremoto. Estaba deseando esto: nos meten en una habitación, le dan a un botón y la sala empieza a moverse a lo bestia. La idea era meterse bajo la mesa con un cojín protegiéndote la cabeza. Parece una chorrada, pero qué queréis: me ha encantado.

Sabéis que tengo que irme a Osaka después de estos 4 primeros meses en Tokyo, pero puede que no sepáis que antes de eso tengo que hacerles una visita a los de la compañía. Mi fecha, si no recuerdo mal, es el 24 del mes que viene, así que esta tarde me he ido con Filippo, un compañero italiano que sabe más español que algunos españoles que conozco, a ver los precios del autobús nocturno. Él tiene que ir también a Osaka, pero su visita es la semana que viene. Parece ser que podemos ir y volver por 10000Y. Una ganga, si lo comparamos con los más de 30000Y que costaría lo mismo en Shinkansen. De todas formas, ya me contará su experiencia cuando vuelva, y ya decidiré.

Y una última sorpresa: esta noche hemos tenido una reunión con gente de una especie de asociación basada en hacer amigos de todos los países. Dos detalles chulos: el primero, que hemos conocido a algunos japoneses la mar de simpáticos (yo, particularmente, a una medio-china medio-japonesa con novio español con la que nos hemos estado riendo una barbaridad algunos españoles), y la segunda, que nos han puesto kimonos a todos. El mío me quedaba bastante corto (o eso creo: no sé cómo tiene que quedar un kimono) y era bastante soso, negro por completo, pero los que se han puesto las chicas estaban geniales: flores, adornos, colores vivos... Un único punto malo: se me ha olvidado la cámara en casa, así que no tengo fotos. Tendréis que esperar a que me pasen algunas el lunes para vernos haciendo el ridi “a la japonesa”. La vuelta a casa ha sido otro tema: se ha puesto a llover, y parece que no va a parar en mucho tiempo, porque se acerca un tifón a Tokyo. Mira, para esto no nos prepararon en el centro ese de los terremotos. En fin, mañana saldré a comprarme un paraguas decente, y pienso buscarme una buena gabardina. No es sólo que la necesite: tengo muchísimas ganas de pillarme una buena gabardina, en plan Colombo. Bueno, muchos planes y mucho rollo, pero lo cierto es que además de la cámara se me ha olvidado en casa el paraguas, y he llegado a casa calado de pies a cabeza. De hecho, ahora mismo estoy recién duchado, y con un sueño que no me aguanto. Buenas noches, y que paséis buen día por allí.

Humor: Hambriento. Una canción: “Singing in the Rain”, de Frank Sinatra

jueves, 18 de septiembre de 2008

Mou hitori: Otanjoubi omedetou!

Hoy ha sido un buen día, en todos los aspectos. Primero, sólo hemos tenido dos horas de clase (y ningún examen), lo que se traduce en un ambiente relajado, lo que sumado a que he dormido más de 6 horas seguidas es algo muy bueno. Buen ambiente, risas, prácticas decentemente fáciles... Tras la comida hemos tenido una charla sobre el carácter japonés visto desde el punto de vista europeo. Dos palabras: qué rollo. El tipo que la daba era un japonés que sabía bastante inglés, pero lo hablaba igual que yo hablo japonés: despacito y parándose cada dos frases para pensar. Han sido 4 horas larguísimas. Vale, puede que sólo fuera hora y media, pero se me han hecho eternas. Luego hemos tenido una segunda charla sobre la Unión Europea, llevada a cabo por el francés que ya habíamos visto antes. Ha sido larga, pero más llevadera, porque por lo menos a éste no daban ganas de salir a ayudarle a hablar. No ha sido interesante, pero tampoco ha sido aburrido.

Y luego nos hemos ido a celebrar el cumpleaños de Anna, una polaca del grupo, supersimpática, como todas las polacas que conozco. Cuando estuve en Praga me pasó lo mismo: las polacas de mi trabajo eran geniales. En serio, un día tengo que ir a Polonia, a ver si son todas así o estoy teniendo suerte. En fin, nos hemos ido a celebrarlo a la torre de Tokyo, porque hacen descuento a grupos de más de 30. Al final sólo hemos ido unos 21, así que le hemos pedido a otros que habían haciendo cola que se juntaran con nosotros.

Hemos subido al primer piso, que está a unos 150m de altura, y las vistas eran magníficas. Nos hemos paseado por ahí sacando fotos, viendo el paisaje, charlando... y cuando nos hemos cansado hemos subido al mirador especial, al que hay que hacer cola para subir, y que está a 250m de altura. Buf. Qué gozada, en serio. Lo único fastidioso es que estaba todo cerrado por cristales, pero aún así la vista era sobrecogedora.

Después de un rato nos hemos bajado a un bar de la torre, donde se suponía que le iban a dar a nuestra anfitriona un pedazo de pastel por ser su cumpleaños. Bueno, pues no sólo le han dado el trozo a ella sola, sino que encima ha tenido que pagar. Panda de ladrones. Eso sí, nos lo hemos pasado la mar de bien repartiendo un pedazo de pastel entre 20 personas. Luego nos hemos encontrado con una máquina de Purikuras, esa especie de fotomatones japoneses en los que te haces fotos, las retocas con efectos y demás historias, y te las dan en papel adhesivo para que las pegues en tu carpeta, en tu móvil o donde sea. Nos hemos metido 8 ó 10 personas ahí dentro. En cuanto tenga un escaneo de las fotos, os las pongo: son para verlas.

Humor: Fez-tivo. Un país: Polonia.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Va de curiosidades

El día de hoy se ha hecho muuuuy largo. Entre que ayer dormí menos de 6 horas por acostarme tarde disfrutando de mi recién estrenado internet, y que esta mañana hemos tenido exámenes, la jornada de estudio parecía que no se acababa nunca. Hoy me he comportado de forma muy japonesa en el metro: casi me quedo frito. ¿No os lo había contado? Los japoneses, en el metro, se dividen en 4 grupos: los que duermen (50%), los que juegan con la NDS, la PSP o el móvil (35%), los que leen (12%) y los que miran a su alrededor (3%). De vez en cuando entra algún grupo de amigos/as que se ponen a hablar, pero muy poco a menudo. En fin, que hemos acabado el día muertos. Todos. Se ve que esto es contagioso.

Cuando estaba volviendo se me ha pasado un poco la modorra y me he puesto a vagabundear un poco por mi pueblo. He descubierto que dista mucho de ser un pueblo. Tiene sus callejuelas oscuras, sus hoteles, sus casinos, sus supermercados por doquier, y un poco más allá está la parte que conocía, la zona residencial, donde vivo yo. Ya puestos, os voy a hablar de una curiosidad japonesa sobre las casas. ¿Sabéis que en España las casas están numeradas de forma bonita y decente, con los pares a un lado de la acera, los impares al otro, y siguiéndose los números? En Japón no. Aquí las casas están numeradas según el orden en el que se construyeron, lo que hace que encontrar una casa en un mapa teniendo la dirección sea poco menos que imposible. ¿Que a qué viene todo esto? Pues a que, mientras volvía a casa, me he encontrado con un coche de policía parado en medio de la calle, con las luces de emergencia puestas. Los policías estaban dentro del coche, he pasado a su lado y he seguido andando. Al cabo de un rato, el coche me adelanta, se para, los polis salen de él y se ponen a mirar alrededor. Sinceramente, lo primero que se me ha ocurrido es que les han llamado de una dirección y la estaban buscando. Como sea así, espero no tener que recurrir nunca a la policía japonesa: están como para una emergencia, ¿eh?

Humor: estudioso, pero tan cansado... Un enemigo: el despertador

martes, 16 de septiembre de 2008

Intaanetto wa arimasu-yo!

Amigos, hoy os escribo sentado cómodamente en mi escritorio, con mi ordenador finalmente conectado a internet. De forma totalmente legal, en modo alguno le estoy robando su conexión a nadie, ¿eh? Que nadie se piense lo que no es. El hecho de que algún alma caritativa me permita (conscientemente o no) usar su conexión para mi beneficio no es delito, ¿verdad?

En fin, cachondeos aparte: estoy sentado, recién cenado, ya no llueve y tengo internet. Y estoy en Japón. En definitiva: soy feliz. Respecto al modem, no hay sorpresas: en España también os pasa que cuando vais a comprar algo a un centro comercial, el primer tipo al que le preguntáis no tiene ni idea de nada pero hace como que sí, ¿verdad? Bueno, pues en Japón lo mismo: el tipo de ayer me vendió un cacharro que no sirve para Wifi. Con razón no funcionaba. Hoy he hecho lo mismo que hubiera hecho en España: preguntarle al tipo con cara de empollón que está rellenando las estanterías. Sabía menos inglés que el de ayer, pero me entendió a la primera, me sacó una caja y me dijo: “Esto es lo que necesitas”. La caja está desmontada y su contenido en mi terraza, con lo que os podéis imaginar el éxito.

Respecto al curso, sigue sin haber novedades: un poquito de gramática, un poquito de kanjis, mucha práctica oral y escrita, que es lo que realmente nos hace falta. El vocabulario lo cogemos de donde podemos, pero no en todas partes podemos hablar o escribir. Por mi parte, sigo empeñado en acabarme el libro de kanjis en una semana o, como mucho, dos, para centrarme en el de gramática y en el vocabulario. Además, a partir de hoy estoy llevando el traductor conmigo a todas partes, así que puedo comprobar cómo se pronuncian los kanjis con los que me voy encontrando y qué significa tal o cual cosa. No sabéis el gustazo que da cuando, después de diez minutos, logras descifrar lo que dice el maldito anuncio que llevas días viendo en el metro.

Ah, y por supuesto no me he olvidado de mi promesa: si echáis un vistazo a los antiguos posts, podréis ver... ¡sí, fotos! Conforme vaya haciendo más subiré las más interesantes. Nos vemos.

Humor: internauta. Una canción: “Eres un enfermo”, de Las Supremas de Móstoles

Compras a la japonesa

Hoy ha sido un día de descanso, así que no tengo grandes cosas que contar. Lo único interesante ha sido que he hecho mi primera compra grande en un supermercado japo. Hay que ver qué gente tan confiada: tienen cosas a la venta junto a la puerta, detrás de donde se paga, y la gente NO ROBA. Es increíble. Me cojo un carrito y me pongo a pasearme por los pasillos. La mitad es comida precocinada, que no me sirve de nada porque no tengo microondas en mi casa, pero encuentro algunas cosas interesantes, como yogures, cereales, bollitos, fruta... He comprado un par de bolsas de cosas para mojar en el desayuno, un litro de zumo, unos palillos de verdad (no los de usar y tirar de los restaurantes), tomates, zanahorias (para mezclar con las comidas cuando coma en casa), una bolsa de peras y un par de platos de comida preparada fría (unos rollos de sushi envueltos en tortilla y unos trozos de carne de cerdo rebozada) para comer hoy. Total, unos 2500Y. Lo malo es que no tengo ni idea de si eso es mucho, porque no tengo con qué comparar. ¿Alguna opinión?

La tarde me la he pasado descansando los pies y estudiando japonés, y luego me he ido a Akihabara a buscar algo con lo que conectarme a internet sin tener que salir al balcón. Me han vendido una especie de modem inalámbrico que se conecta al PC por un cable ethernet, lo he traído, y media hora después lo he vuelto a guardar porque no hay forma de que funcione. Mañana lo devolveré a la tienda y lo cambiaré por otra cosa que he visto, más cutre, pero que podría funcionar mejor.

Si hoy me veis apagado, no os extrañe: entre el chasco del modem y que está lloviendo (la lluvia me deprime), estoy deseando acostarme. Buenas noches a todos.

Humor: pasado por agua. Una película: Dark City.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Aquí no se sale de tiendas: se sale de templos

Estoy muerto. Llevo despierto desde las 6 de la mañana, y he estado pateándome Kamakura durante ocho horas. Eso sí, ha merecido la pena: el sitio es precioso. Es un pueblecito pequeño, al suroeste de Tokyo, que lo único que tiene son templos budistas. Debe tener unos 20, más o menos. Bueno, como sólo teníamos un día para verlo, el plan ha sido éste: primero nos hemos pillado un abono de tren que, por unos 12 euros, nos daba una ida y vuelta a Kamakura más todo el transporte interno que quisiéramos, una vez allí. Hemos cogido un mapa cuando hemos llegado, y nos hemos trazado una ruta que parecía adecuada: desde la estación central nos hemos ido andando hacia el oeste, viendo 3 templos por el camino, y acabando en una estación de tranvía, desde la que lo íbamos a coger para irnos al otro lado del pueblo, lo que nos dejaba cerca de otro templo y de un Buda gigante. Un buen plan.

Los templos, preciosos. Lo único fastidioso es que casi todos te exigen pagar para visitarlos, pero merecen la pena: las entradas cuestan entre 200 y 300Y, y los sitios son realmente preciosos. Tejados de cerámica y de paja, suelos de madera, estatuas de divinidades budistas... y jardines. Para mi gusto, lo mejor del viaje: los jardines. Qué queréis, el verde me priva. Y aquí había verde para aburrir: árboles de bambú, plantas florecidas, pequeños lagos llenos a rebosar de nenúfares... Y acompañando a todo esto, gente tocando el tambor, puestos de comida... Ah, y nuevos amigos. Resulta que, a la salida de Tokyo, nos hemos encontrado con un par de españoles, Marta y Luis, que llegaron aquí hace unos pocos días para hacer sus proyectos de fin de carrera en Tokyo. La beca les da para año y medio, prorrogable a 3 y 5 años, así que van a acabar sabiendo más japonés que nosotros.

En fin, que el pateo de Kamakura lo hemos hecho todos juntos. Nos hemos dividido en dos grupos para ir menos “a mogollón”, y nos hemos encontrado de nuevo cuando estábamos viendo el Buda gigante. Creedme, lo de “gigante” no es un adorno: es realmente enorme. Mide más de 10 metros de alto y está hueco, así que se podía entrar para verlo por dentro. Después de eso nos hemos ido a otro templo que teníamos cerca, y nos hemos quedado descansando allí hasta que han cerrado. Vuelta a casa, cenita y a descansar, que buena falta me hace. Ya os contaré más otro día que esté menos rendido. Buenas noches ;)

Buda por fuera...

...y Buda por dentro

PS: La fiesta de mirar la Luna (Tsukimi, como bien ha apuntado DrJones), va a tener sabor agrio este año, porque el cielo lleva encapotado todo el día, así que poca Luna se va a poder ver. Qué le vamos a hacer.

PPS: Si nada lo impide, mañana iré a comprarme lo que necesito para tener internet, así que esperad fotos prontamente. Un abrazo.

Humor: Meditativo. Una frase: “No creo en Buda, pero mola visitarle”.

Mandarake wa sugoi desu ne?

¿Alguno de vosotros conoce "Dos frikis en Japón"? ¿Sí? ¿No? Qué bien, es igual. El caso es que un par de locos españoles hace algunos años que resolvieron irse a Japón, porque eran (y siguen siendo, que yo sepa) unos frikis de cuidado. Se iban a salones del manga, a eventos japoneses en España, a lo que fuera, y lo grababan todo con una cámara comentando y participando en todo, en plan pasárselo bien. El caso es que, cuando fueron a Japón, grabaron tantísimas horas de vídeo que los montaron como si fueran capítulos, y como los primeros capítulos discurren en Tokyo, esta mañana les he echado un vistazo buscando algo en particular: el nombre de la tienda de muñecos más famosa de Japón. Mandarake, se llama. Como en el vídeo no se ve en absoluto dónde está, lo he buscado por internet. Hay varias, pero dos importantes: la original, en Nakano, formando parte de un centro comercial gigante. La nueva, más grande, en Shibuya. Shibuya ya lo conozco: me voy al otro.

Hago una llamada a las armas de todo el grupo. Se presenta Lara. Está claro que la fiesta de anoche causó estragos. En fin, sobre las 5 nos vemos allí y nos ponemos a echar un vistazo al centro. Bueno, digo “centro” por decir algo, pero el centro comercial en sí es tan largo como una calle. Hay de todo: ropa, complementos, comida, algo de electrónica... pero cuando subimos al segundo piso es cuando se me empieza a caer la baba. Libros de manga por millares, sin exagerar. Estanterías repletas de muñecos a precios que harían reírse a cualquier comerciante español. Discos de música de segunda mano como nuevos a precios ridículos (Bill Evans, Sunday at the Village Vanguard, a 6 euros). Miro por todas partes, y extrañamente no encuentro lo que busco, aunque encuentro muchas otras cosas que no buscaba y que, evidentemente, acabarán en mi maleta algún día. Hoy no, que aún no estoy seguro de cómo estoy administrando el dinero, pero pronto. Ah, y eso no es todo. Cuando llegué había un grupo de chicas tocando el tambor a la puerta del centro, esos tambores grandes tan típicos de Japón. De verdad, estoy deseando tener internet decente para subiros fotos, porque esto son cosas que se quedan cortas al describirlas. Pero pronto: si todo sale bien, durante esta semana que viene conseguiré banda ancha. Seréis los segundos en saberlo ;)

Mañana nos vamos a Kamakura, a visitar templos, pero quiero avisaros de una cosa: según la tradición japonesa, mañana (domingo) por la noche es precisamente el mejor momento del año para mirar la luna. La gente se reúne en parques y se tumba en la hierba para mirarla. Y beber a saco, claro. No tengo ni idea de si lo de “la mejor noche para ver la luna” tendrá algún fundamento, pero echadle un vistazo, y me contáis si es verdad. Yo haré lo propio por aquí, si es que no vengo demasiado rendido de Kamakura. Un abrazo a todos.

Humor: fotográfico. Una canción: “She's a Maniac”, de Michael Sembello.

sábado, 13 de septiembre de 2008

O-tanyoubi omedetou!

Esta entrada corresponde al día 12, pero hay una razón para que escriba pasada la medianoche. Resulta que hoy era el cumpleaños de Alberto, uno de los españoles, y como nos queremos todos mucho, hemos quedado después de las clases en Shibuya para irnos de fiesta. Pero tranquilos, que luego llegaremos a eso...

Primero, las clases. Hoy ha habido dos novedades. La primera, que nos ha tocado una profesora nueva, que no solo es mucho mas inútil que la anterior, sino que encima escribe fatal. La segunda es que hemos empezado con una clase básica de kanjis. Sí, los dibujos complicados. Con la profesora que no sabe escribir. Toma, Moreno. Total, que nos hemos aburrido soberanamente, le hemos cogido manía a esta profesora y nos hemos propuesto estudiar por nuestra cuenta todo lo posible, porque está claro que los viernes (que es cuando nos toca ésta) no vamos a hacer nada útil. Después de la clase le hemos sacado un pastelito a Alberto, le hemos cantado el “Cumpleaños Feliz” en media docena de idiomas, algunos de ellos inventados, y nos lo hemos pasado en grande en general. Además, me han dicho que el día 26 de Octubre me toca irme a hacer una visita a mi empresa en Osaka, así que un día de estos miraré precios para el viaje. Luego hemos dejado dicho que los que quieran irse de fiesta quedábamos en Shibuya a las 9, y nos hemos ido cada uno por su lado.

Vuelvo a casa, dejo los trastos de clase y me vuelvo a ir. Esto de vivir a hora y media del centro de Tokyo es una patada en la entrepierna, pero bueno... El caso es que he llegado sin cenar, me he comprado un bocata, y nos hemos ido a echar piernas por Shibuya. Al cabo de un rato hemos acabado en un garito (que al parecer algunos conocían ya de la semana pasada) en el que te cobraban 2000Y por dos horas de comida y bebida. Todos los que iban a emborracharse se han quedado allí, y el resto, un grupito de 8 que o bien tenían que irse temprano o bien pasaban de bebercio, nos hemos ido a patearnos Shibuya. A los 10 minutos alguien pronuncia una palabra mágica, y encuentro un objetivo en la noche: convencer al resto del grupo para ir a un Karaoke. No me cuesta nada: a la mayoría les encanta la idea. En el primero nos clavaban 500Y por media hora, pero teníamos que estar una hora como mínimo, y varios del grupo se tenían que ir a la media hora. En el siguiente es algo más caro, 600Y, pero nos dejan estar solo media hora. No solo eso, sino que como somos gaijins sin remedio, nos hacen descuento: 480Y por cabeza. No nos lo pensamos: adentro.

Chicos y chicas, qué gozada. A lo mejor algunos de vosotros no saben lo mucho que me gusta cantar (es que, modestia aparte, canto como los ángeles), pero a los que no lo sepan se lo digo: me encanta. Entre eso, y que la vergüenza del grupo estaba muy mal repartida (tres no teníamos ninguna, tres tenían mucha, y los otros dos en la media), pues gran parte de la media hora me la he pasado con el micro en la mano. Os aseguro que intentaba pasárselo a los demás, pero me lo devolvían. Bueno, ya se soltarán cuando vayamos otro día con más tiempo. Porque pienso volver: hacía meses que no me reía tanto. ¿Que por qué? Pues por las canciones. Cuando encontramos la manera de hacer funcionar la máquina para elegir canciones, estaba todo escrito en katakana. Para los de la ESO: un abecedario que se usa para palabras extranjeras. El primero que leí decía “Disney”. En cuanto lo dije en voz alta, me dijeron que pusiera alguna de ahí. Os podéis imaginar el resto, pero os lo voy a contar igual: “Bajo El Mar”, “Es Un Mundo Pequeñín”, “Bésala”, "Hakuna Matata", “Don't Be Cruel” (tengo que reconocer que imito a Elvis a la perfección) y una cosa rara en hawaiiano de “Lilo y Stitch”, que nos inventamos sobre la marcha. Cuando nos fuimos, estábamos todos partiéndonos de risa, pero bueno, algunos se iban a casa, otros se quedaban a ir de tiendas, y como ni me apetecía ir de tiendas ni creía que los del “bebe cuanto puedas en dos horas” fueran a ser una gran compañía, me he vuelto a casa en el último tren de la noche. Me voy a la cama, mañana me dedicaré a estudiar y tal vez salga a comprar algunas cosas, pero os hago una primicia: tenemos plan para el domingo, un viaje a una ciudad cercana llamada Kamakura, en la que hay muchos templos y cosas así. La idea es pasarnos allí el día y volver a la noche, pero como el lunes es fiesta no descartamos quedarnos a dormir allí. Mañana os contaré mas detalles si los tengo, pero si el domingo no aparezco por aquí, ya sabéis por qué es. Un abrazo.

Humor: Cantarín. Una canción: "Everybody Likes Kung-Fu Fighting".

jueves, 11 de septiembre de 2008

Planeando el futuro del universo

Un día ocupado. Primero me he tenido que levantar a las 7 para poder ir a la tienda de móviles a cambiar el cargador, que se habían equivocado al dármelo. Tengo que reconocer que los japoneses son la gente más complaciente del mundo: la tienda no abría hasta las 10, pero dentro estaba el personal completo, y cuando les he explicado que a las 10 no podía estar ahí, me han abierto y me han atendido. ¿Os imagináis algo así en España? Ya es difícil imaginar que haya alguien en una tienda antes de que la abran, pero incluso aunque así fuera, dudo que nadie abriera a un cliente, por muy desesperado que estuviese, menos aún si fuera extranjero.

La clase de japo ha sido suavita, porque hemos tenido menos horas de lo normal: después de comer nos han metido en una conferencia dada por una personalidad importante de la cámara de comercio, un inglés que nos ha estado explicando a grandes rasgos cómo funcionan las empresas japonesas. Es algo extrañísimo: el jefe no toma las decisiones sin el consenso de los empleados, y normalmennte este consenso no se busca en la oficina, sino en la fiesta a la que vayan ese día los de la empresa. Bueno, lo de “consenso” es un poco exagerado, porque como no acates las opiniones del jefe no duras mucho en el puesto (ojo, no te despiden, simplemente les caes mal y te conviertes en un cero a la izquierda), pero dicen que esta forma de hacer las cosas les da a los empleados una sensación de seguridad, de formar parte de la empresa. Me recuerda a la frase de House: “¿Usted preferiría un médico que te insulte mientras te cura o uno que te cuide mientras te mueres? Yo creo que lo peor es uno que te insulte mientras te mueres”. Es algo parecido: al final no pintas nada, pero al japonés medio le parece que sí, así que vive feliz.

Para finalizar el día, he celebrado que mañana nos dan el primer pago del dinero de la beca: me he comprado un cacharrito de estos de alta tecnología que tanto nos gustan a los frikis. En un principio iba a ser la Nintendo DS, pero la presión del examen de japonés se hace notar: me he comprado un traductor electrónico español-inglés-japonés, el Casio Ex-Word. Un compañero de clase lo tiene y le está sacando muchísimo partido: el secreto es llevártelo a todas partes y meter en él todo lo que no entiendas (en mi caso, casi todo), y así vas aprendiendo. Además, como tiene reconocimiento de escritura, me sirve para practicar los kanjis. Ya os contaré qué tal funciona. Un abrazo.

Humor: Estudia, estudia, estudia... Una serie: Golden Boy.